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José Tomás, o la angustiosa épica del toreo

Ceñido cierre por manoletinas al quinto toro. | Foto: IVÁN DE ANDRÉS
MARIO JUÁREZ | Las Ventas (Madrid)
15/06/2008 14:13
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José Tomás fue, sobre todo, fiel a si mismo. Sin un renuncio, sin taparse nunca, puso el corazón en un puño. Era lo que tocaba. Porque el otro día medio embistieron los dos toros de Victoriano del Río y hoy no lo hicieron. Aquello fue la lírica del toreo, hoy la épica. Con todo el valor por delante. Pudo taparse pero no lo hizo. Pudo abreviar y no quiso. Pudo estar por encima sin apostar y no supo. Tiró la moneda al aire. No había otra opción.

La tarde y su actuación no tuvo nada que ver. Fundamentalmente, porque la corrida no fue la misma. Porque hoy no embistió ni lo de El Puerto, ni remiendos ni sobreros. Tocaba apostar y tocaba arriesgar más y mucho más. Y lo hizo. Por no defraudar a sus seguidores, se entiende. Ni a él mismo, que es con quien más compromiso tiene el torero.

La corrida fue angustiosa. Pero hay que quitarse el sombrero. No porque el de Galapagar se autoinmolase, que es el cuento de los autotontos que han emprendido la campaña del no por sistema. Tomás apostó, pisó todas las líneas y, aunque cayó herido, triunfó. Los toros fueron igual para todos. Y el único camino de arrancar las orejas era el que fue. No había otro. Y sólo lo pisó Tomás.

Cuatro palizas tremendas sufrió José Tomás durante la tarde. La primera, de la que salió empalado, se la propinó su primer toro al décimo muletazo. Se preparó el torero para citar, se le vino el toro y lo prendió de manera dramática. De ahí salió con la cara y el vestido tinto en sangre. No dejaría de sangrar una brecha en la frente y otra en el cuello. Cerca de donde le atravesó la carne hace un mes en Jerez. No iba a ser la única sangre que iba a correr en una tarde angustiosa.

Ese toro, al igual que el primero de la corrida manseó de salida. Sin regalar una embestida, se salió suelto de capotes y de cualquier cite. Fue toro muy astifino, con mucha seriedad. Corto de manos y bajo, pero muy armado. Nunca quiso el toro y siempre quiso el torero. Dos muletazos se tragaba el animal. El primero hacia la raya y el segundo buscando la huída.

Muy cerrado, en las tablas de sol planteó José Tomás la faena. Desafiando las leyes del espacio. No había hueco para que pasase el toro por el engaño. Lo hizo. De manera angustiosa casi. Consiguió José Tomás ligar esos dos muletazos y el de pecho y estalló la plaza. Muy a favor. Se mostró en la atronadora ovación con la que saludó al diestro al finalizar el paseíllo. Pesaba mucho la actuación de hace apenas diez días.

Hubo enganchones en la faena, cierto. Más por la renuencia del de El Puerto a pasar sin defenderse que por dejar la tela muerta. Bien presentada y segura, fue faena de esfuerzo enorme. Y se vivió en la plaza con tal intensidad. Se presentía al cornada en cualquier momento, pero salió vencedor el hombre. Tras un pinchazo cayó la espada y cayó también la primera oreja. Hecho un auténtico Cristo la paseó Tomás.

Antes de la faena al quinto, el de Galapagar pasó otro momento de apuro. De intenso dramatismo. Tras el segundo puyazo al cuarto, un toro serio de Cortés, se echó el capote a la espalda para quitar por gaoneras. La mirada y el gesto de El Fundi fueron heladores. De uno de los viajes salió tropezado el torero e hizo presa el toro. El de Fuenlabrada llegó antes que nadie con un capote milagroso, cuando el toro buscaba con ahínco a Tomás en el suelo.

El quinto, el de más justo trapío de la corrida, muy feo, volvió con buen criterio a los corrales. El sobrero de El Torero, cuajado y fuerte, no fue material de fácil moldeo. Porque el toro se fue orientando en cada uno de los viajes. Y pese a ello, pese a todo, Tomás lo citó de frente, dando el pecho por delante, abriendo el compás. Se sentía a gusto el torero, pese a la consciencia propia de que había que jugársela.

Tuvieron buen son las dos primeras series por el pitón derecho, en redondo, llevándolo metido en la muleta. Muy largo. Cuando salieron los muletazos reventó Madrid. Al echársela a la zurda, el animal se puso imposible. Y llegó entonces la lucha cuerpo a cuerpo. Dramática toda ella. Angustiosa hasta decir basta. Porque en cada viaje se mascaba la cornada, porque el torero no movía una zapatilla del suelo, porque o pasaba o le levantaba los pies del suelo. Lo hizo en el pase de pecho. De ahí salió herido grave Tomás.

Sin inmutarse, sangrando la herida, José Tomás volvió a la carga. Para dejar otras dos series igual de firme e igual de puesto. Y unas manoletinas finales en las que se lo pasó a milímetros. Atacó con todo espada en mano, y de ahí volvió a salir prendido. Era el momento de amarrar el triunfo y lo hizo.

En las corridas de Tomás la cosa se le pone muy complicada a sus compañeros de cartel. Con El Fundi estaba Madrid. José Pedro se gustó de capote en algunos lances a la verónica y en varios quites por chicuelitas, incluido un galleo al paso por el mismo lance. Sus dos faenas fueron largas y tesoneras. Mejor la primera que la del cuarto, un toro que tomó bien los capotes pero que fue empeorando a medida que avanzaba la faena.

Bautista dejó detalles en su primero, un toro con mejor son que los dos primeros pero de muy bajo fondo. Le dio sitio Bautista en los primeros compases pero después se acortó la cosa. La raza y la faena. En el sexto la plaza había desconectado. Aun así, el francés lo intentó con un ejemplar deslucido que no dijo nada. Tuvo la cosa de no aburrirse nunca el de Arles. Y de dejar dos formidables y efectivas estocadas.

Finalizado el paso de José Tomás por Madrid, queda una reflexión. Es innegable que a uno le gustó mucho más el otro día. No es menos cierto que pudo hacer el toreo eterno, como los ángeles, con dos toros que se lo permitieron. Hoy no hubo esa fortuna. Eran toros de jugársela a cara o cruz. Y lo hizo Tomás. En diez días se ha visto la lírica y la épica del toreo. No se defraudó a si mismo. Y ha puesto el listón altísimo. No sólo para él. El que quiera, que le siga. 

FICHA DE LA CORRIDA CELEBRADa EN LAS VENTAS

Las Ventas (Madrid). Domingo 15 de junio. Lleno de 'no hay billetes'.

Tres toros de Puerto de San Lorenzo, dos de Toros de Cortés (4º) y uno de El Torero (5º bis). correctos de presentación, el 3º terciado. 1º manso y descastado. 2º manso. 3º manso y a menos. Los tres primeros pitados en el arrastre.

José Pedro Prados 'El Fundi', silencio tras aviso y silencio.
José Tomás, oreja y dos orejas tras aviso.
Juan Bautista, silencio y silencio.
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