Resulta, cuanto menos paradójico, anunciar en una Feria que se proclama "Del Toro" un encierro del Conde de la Corte. Pese a sus muchas décadas de historia y a la innegable afición de su criador, quedan muy lejos los años de esplendor de los toros de "Los Bolsicos".
El toro no son sólo pitones, por mucho que superen el metro entre ambos. Una feria que se autoproclama "Del Toro" debería preocuparse mucho más por llevar a su plaza un muestrario de bravura, y lo de hoy, no lo fue.
Lo más triste es que no sorprendió a nadie. Cada vez queda más claro que el resultado de una corrida buena en Vitoria no fue sino un espejismo. Los condesos siguen sumidos en una crisis profunda y galopante, que el año pasado convirtieron su corrida, por ejemplo, en la más vacía e infumable de la feria de San Isidro.
Los toros del Conde han dejado de acudir a Madrid, y también a Sevilla en ese primer tramo torista. Diez años después, han vuelto a Pamplona. Parece que sus responsables buscaron su peor momento para anunciar en el ciclo una ganadería que perdió la casta hace tiempo.
Con toda la seriedad del mundo, la corrida no fue digna. Ni de Pamplona ni de ningún otro sitio. Ni mucho menos una oportunidad como la que le vendieron a tres toreros necesitados de ella. La vulgaridad y el descastamiento no hacen honor a lo que fue y debería seguir siendo, "La Feria del Toro".