La corrida con la que Adolfo Martín debutó en Valladolid no fue buena. Tampoco mala. De las de ni chicha ni limoná. Con tres nobles hasta el extremo. Tanto, que terminaron pasándose de dulce y aburrieron. Hace años que la vacada tomó la deriva del cambio de raza por nobleza. Y ha perdido un punto de la transmisión y emoción propia de la ganadería y el encaste albaserrada. Fue una corrida más comercial que otra cosa, de esas que salen a cientos en la temporada. Lo que para una ganadería como la de Adolfo no deja de ser un paso atrás.
De bella lámina, los tres toros que se dejaron estaban bien hechos. Destacó sobre todos el segundo, un toro noble que además tuvo son y mucha fijeza. Descolgó muy pronto, en los lances de capa. Chaves no lo vio claro y en un extraño soltó el capote. En la tela de Oscar Ramos se vio al toro descolgar y humillar como lo bueno de saltillo. Después el toro fue de más a menos, aunque mantuvo durante la faena la emoción y la clase. Chaves también estuvo de más a menos. No lo ve claro el salmantino, que hizo un gran esfuerzo y pareció querer al principio. Se dobló con el toro y le puso y dejó la muleta en las dos primeras series. Con ligazón, ritmo y buen son, fueron lo mejor de su obra.
Después, por el pitón izquierdo, no le vio el sitio y la cosa se torció malamente. Sin terminar de verlo ni de ponerse, Domingo quitó la muleta de la cara las más de las veces. También había comenzado a meterse el toro un pelín. Pero por una cosa y otra, no salió la historia.
El cuarto fue otro de los toros nobles. Uno quedó repartido en cada uno de los lotes. A ese Adolfo lo cuajó El Fundi de capa con unos lances y, sobre todo, una larga, a cámara lenta. No hubo historia en el peto y sí mala en banderillas. Se empeñó la gente en que José Pedro pusiese palos y no lo hizo bien. Apurado, dejó cuatro en tres intentos. Pero después se vino a sentir El Fundi en una labor templada, segura, firme, como disfrutando.
La apertura fue buena de verdad, a la antigua, con muletazos andándole y dejándolo puesto en tres pases. El Adolfo respondió con gran bondad pero mínima casta. Tardo el toro, también condicionó la labor, que terminó con el toro embistiendo al paso. Tan a gusto se vio a Fundi que se pasó mucho de faena. La mitad más o menos, porque el toro se apagó a los seis minutos y todavía siguió otros cuatro más. Lo acusó después con la espada. Sin embargo, la labor de Fundi tuvo regusto, disfrutando el torero, fácil en cierto modo, hubo cosas buenas por la mano izquierda, pero se diluyeron entre tantos minutos sin toro.
El otro de los toros buenos fue el sexto. Con la raza al límite, se dejó el Adolfo. Sin mucha fuerza tampoco, llegó a perder las manos de primeras. Un pelín tardo también, tuvo buen son. Valverde lo exprimió cual limón en una faena que, esta sí, se midió mucho. Con series buenas por el pitón derecho y una por el izquierdo. Que no se quedase nada en el tintero. Salvo la espada. No funcionó tampoco en una tarde de demasiados pinchazos y borrones.
La única estocada buena fue la de El Fundi al que abrió plaza, uno de los toros más correosos. Le dieron en el caballo y lo acusó el toro, que se fue parando, rebañando, adelantándose por las dos manos con aires felinos. Aun así, tuvo algo de fondo como para descolgar por el pitón izquierdo en un par de series. El Fundi le dio tiempo y el sitio adecuado. Jugando con los vuelos, sin violentarlo, con toque sutil y preciso. Siempre al morro, consiguió ligar las series y aguantó parones y viajes. Lo ve claro El Fundi.
El primero de Valverde dio pocas opciones. Agresivo en cierto punto, no tuvo clase alguna. Defendiéndose casi siempre, no humilló una vez. Cuando Valverde levantó la mano se puso como un barrabán. Por abajo se frenó y salió distraído después. De pocas opciones. La faena de Valverde fue tesonera y machacona. Demasiado larga también. Sin demasiada sustancia. Estuvo seguro el torero.
No lo pareció Chaves con el quinto, el más deslucido de la corrida. También el más feo, por badanudo, ancho de sienes, feo vamos. Se defendió en el peto y después también, hasta que se frenó en seco y dejó de ir. Pensándoselo, midiendo y poniendo en apuros a Chaves, que pasó agobios con el toro.