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Los Toros, uno a uno, Núñez del Cuvillo: El Uni-cornio

Quinto Cuvillo en el peto. | Foto: CABRERA
JOSÉ VEGA
19/05/2009 23:03
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No se confundan, no se trata del animal mitológico representado habitualmente como un caballo blanco, con patas de antílope, barba de chivo, y un cuerno en su frente, sino porque hoy saltó al ruedo un único animal que dio la dimensión que se requiere en otro Dios que está por encima de mitologías y del que todavía se ha podido descifrar el secreto de su comportamiento, El Toro Bravo.

Único de un encierro que sacó clase en varios de sus ejemplares pero al que faltó emoción, fuerza y casta, tres de los pilares básicos en los que se fundamenta la liturgia taurina, ese que tanto olvidan algunos perdiéndose en exposiciones de arte, de empaque, pinturería… pero no se paran a pensar en que además de Fiesta, hay Rito.

Ese toro, saltó al ruedo en quinto lugar, Aguafría se llamaba, jabonero de pinta y no sobrado de presencia para una plaza como Madrid. Fue el único que tomó con algo de brío el capote en el recibo. Se empleó y empujó en el peto, mejor en el primer encuentro. Galopó alegre en banderillas y después transmitió con mucha movilidad desbordando por momentos a su matador por el pitón izquierdo. Por el derecho también difundió su bravura aunque con algo menos de clase, que El Cid también se encargó de acrecentar por su mal uso de las telas por ese lado. A partir de ese cambió de pitón, bin es verdad que el toro fue a menos. Fue justamente aplaudido en el arrastre.

En cuanto a los demás, algunos tuvieron clase como el que le tocó en primer lugar al torero de Salteras, el segundo de la tarde. Anovillado, tapándose por la cara, blandeó de salida y realizó una nula pelea en varas. Siguió flojeando durante toda la lidia, lo que hizo que tomara la muleta algo rebrincado pero con mucha clase. Faltó empuje.

El primero de la tarde, también perdió las manos nada más salir. En un arreón de bravucón derribó al caballo pero andaba flojo de remos también. Aguantó a duras penas los lances preparatorios en la faena de muleta. Noblón y falto de fuerzas se defendía en el primer lance echando la cara arriba para seguir sin transmisión las telas. Hace falta emoción.

El tercero también justísimo de presencia, sin remate, se fue acostando poco a poco en el saludo de Perera, aunque aguantó el embite sin flojear. Aunque después del emcuentro con el pica, de donde salió flojeando, resultó ser otro animal que aunque templado y noble le faltó recorrido y fuerza. Otro soso y sin transmisión.

El cuarto fue más claro que sus hermanos durante la lidia. Fue fijo y pronto, con alegría, a los cites de El Juli, en la primera parte de la faena de muleta. Había que hacerle las cosas sin obligarle en demasía. Se fue apagando poco a poco y le faltó raza. De más a menos, acabó muy parado.

El sexto no se empleó durante la lidia. Embistió saliendose de la suerte, siempre para fuera. Descompuesto y rebrincado siguió los engaños a regañadientes, acabó muy parado también.

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