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Los Toros de San Isidro, uno a uno: Adolfo prejubiló a Frascuelo

JOSÉ VEGA
29/05/2009 22:46
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La vacada cacereña de Adolfo Martín lanzó un tan temido ERE hoy en las Ventas en forma de dos toros y esta vez el afectado fue el diestro sexagenario Carlos Escolar Frascuelo.

Dos animales que solicitaron dicho procedimiento a la autoridad de la casta para suspender o extinguir definitivamente las relaciones taurómacas entre una afición y el torero madrileño, aunque eso sí le garantizarán el derecho a seguir disfrutando su estatus de torero romántico por diferentes tertulias y otros eventos ligados al toro, en la plaza, Don Carlos, ya no estamos para esos trotes.

Y es que en una corrida que resultó tediosa, sobresalieron primero y cuarto y le tocaron en suerte a un hombre que se vió claramente desbordado, sin ideas y sobretodo dando la sensación de desconfianza total.

El que saltó en primer lugar, chico y muy justo de presencia como casi toda la corrida, siendo soso en los primeros embites, siendo picado, por orden directa del matador, hasta tres veces incomprensiblemente y dejandose pegar con la cara abajo, eso sí, bien es verdad que no fue un torrente de bravura, pero tuvo un pitón derecho de triunfo si cae en manos poderosas, humillado y largo se desplazaba el Adolfo. Por el izquierdo fue menos claro y repuso enseguida.

El cuarto, que también correspondió al veterano torero madrileño, metió la cara con codicia en los tercios de recibo. Entró corto en el primer encuentro con el caballo y empujó con algo de más poder y como sus hermanos con la cara abajo. Fue de más a menos, en el segundo encuentromás deslucido y en el tercero repuchó. En la muleta sacó casta y recorrido, todo lo que hacía transmitía  y sacó poder. La desconfianza una vez más hizo que pudiera parecer peor de lo que era en realidad, ya que siempre lo sacaba por arriba al final del pase y nunca lo llevó sometido viendose todas las veces desbordado. Se llevó una justísima ovación del público.

La otra cara la dieron segundo, tercero y sexto. Fueron animales desrazados, blandos el tercero y sexto. Que se dejaron  pegar sin empuje en el tercio de varas aunque, como señalaba antes, por lo menos lo hicieron con la cara abajo y fijeza. Y en la muleta, segundo y tercero, resultaron sosos, desclasados y saliendo siempre distraidos y con la cara alta. El mejor de ellos fue el sexto que aunque tomó la muleta con buen son, la falta de fuerzas hizo que no pudiera desarrollar las embestidas en plenitud faltando emoción.

El quinto Albaserrada fue devuelto, era flojísimo, saltó al ruedo uno de Sepúlveda de Yeltes, también muy débil y que también fue para atrás. A la tercera intentona salió un animal de Arauz de Robles, estrecho de sienes y que se engalló en el centro teniendo que ir a buscarle. Aunque  brusco, no metió mal la cara en el saludo de Rafaelillo. También flojeó algo y apenas lo picaron. Llegó descompuesto y rebrincado a la faena de muleta donde la falta de casta y fuerzas le hizo protestar y defenderse siempre quedándose corto. 

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