Alguien debería hacer algo urgente para no soportar más espectáculos bochornosos e intolerables a cargo de los que se dicen picadores de toros bravos.
Para muchos, ya no sólo unos pocos, ya es una "suerte" misma el ser picador, ya que ninguno realiza con ortodoxia los cánones de la añorada Suerte de Varas, les da igual donde caiga la puya, no saben coger siquiera la pica, y casi todos da la impresión de haber montado alguna vez en el campo, en alguna romería, feria o picadero pero nunca en caballo de picar. Con todo esto son de los subarternos que más canon se llevan por tarde por un mero trámite y además si el toro mansea y se va al que guarda la puerta, ¡bingo!, por darse dos paseos al caballo y una entrada preferente, tantas mil. Por algo la llamaron la Suerte de Picar...
Hoy ocurrió en todos los toros de la interesante corrida de Alcurrucén, animales que por sus diferentes comportamientos pero todos dentro del camino de la casta, pusieron el triunfo en bandeja y que solo aprovechó en parte el albaceteño Rubén Pinar, realizando un toreo populista ante unos animales que merecieron un toreo de mejor composición, arte y hondura en los embites.
De entre ellos sobresalieron primero y sexto. El primero, a punto de cumplir seis años salió haciendo cosas de viejo, de haber sido "sobado" por muchas manos de corral en corral, de cercado en cercado. Manseó y tardeó en el peto y fue reservón en los cites, aunque cuando arrancaba lo hacía con codicia. Después de banderillas, donde cumplió, se fue a terrenos de nadie. Lo bueno fue que Ferrera se marchó a plantearle la pelea allí donde se encontró agusto. Así repitió encastado, transmitiendo mucho al tendido. Hubo que llevarlo muy obligado ya que cuando así ocurría rompía por abajo con calidad y muchísimo recorrido. Un toro de triunfo gordo.
El sexto, salió suelto en las primeras tomas de contacto con los capotes. Corto entró en el peto y allí recibió una malisima suerte de varas a cargo de Agustín Moreno, sin compostura en la montura, sin saber manejar el caballo y malisima colocación de la puya. Esperó en banderillas pero luego cambió a bueno y embistió por bajo y humillado, con gran recorrido y calidad en las embestidas por el pitón derecho. Por el izquierdo bajó en intensidad saliendo distraído y más soso de los embites. Aún así, una oreja no tenía, tenía dos.
El segundo de la tarde, un pelo anovillado, fue otro que sufrió la desidia y mala profesionalidad de su picador, Agustín Simón se llama. Un trance de donde salió de najas, descompuesto y acostándose por ambos pitones. Hasta ahora nunca se había definido en las arrancadas. Luego en la muleta, le costó repetir y llegar el final del lance, quedándose corto a partir del tercero, aunque los dos primeros los tomaba con claridad y muy humillado aunque un punto descompuesto, desconcertando a su matador.
Al tercero, le costó repetir y lo hizo sin fijeza y genio durante toda la lidia. También malisimamente picado por Daniel López, sin oficio y dando la sensación de haber montado a caballo ésta y un par de veces antes de venir a Madrid. También resultó tardón y pensándoselo mucho antes de arrancarse. Cuando lo hacía humilló y derrchó casta añadiendo a ello un ligero cabeceo por el pitón derecho. Por el izquierdo tenía dos arrancadas al principio de las tandas de extraordinaria calidad, luego se paraba y le costaba repetir.
El cuarto no se empleó en los primeros tercios, y empujó con la cara alta y defendiendose en el peto. Arreó con muchos pies en banderillas y se puso enseguida a la defensiva y con genio en la faena de muleta. Cabeceó y sacó peligro, pero también casta.
El quinto se emplazó y frenó en los capotes, tomándolo cuando fueron a buscarlo con fuerza y buscando las zapatillas. Empujó con fijeza en el primer encuentro y se dejó, cabeceando, en el segundo. Otro toro con castita y que se movió humillado pero exigiendo que le hicieran las cosas bien, cuando no fue así, se descompuso.