El médico, historiador y escritor Rafael Cabrera, director del programa 'El Albero' de la Cadena Cope continúa con la nueva sección de apuntes históricos. Hoy recuerda la inauguración de la Monumental de Barcelona.
El día 27 de febrero, pero de 1916 se inauguraba en Barcelona la Plaza Monumental, única que hoy sigue ofreciendo espectáculos taurinos en la Ciudad Condal. El cartel de aquella inauguración estaba compuesto por José Gómez Ortega Joselito, Francisco Posada y Julián Saiz, Saleri II que se enfrentaron a toros de Benjumea.
Hubo una gran entrada, según las crónicas de la época, cifrada en unos diez y nueve mil y pico espectadores, en parte merced al cartel, y en parte a lo barato de los precios, en franca competencia con los que ofrecía Las Arenas: las entradas costaron entre 3,75 y 1,75 pesetas. El coso, se señalaba, construido no obstante sobre la antigua plaza del Sport, no tenía las comodidades que ofrecía la otra gran plaza de Barcelona, Las Arenas, aunque mejoraba con mucho a la de la Barceloneta. Su cabida era de 24.349 espectadores, y estaba arrendado, por ocho años, por la empresa madrileña que formaban don Julián Echevarría y don Manuel Retana. El servicio de caballos lo cumplía don Francisco Jiménez, Quico; el jefe de corrales era don Serafín Grego, y el jefe de personal don Juan Canals. Surtía de puyas y banderillas el picador José Escolar, Colita.
La corrida fue un auténtico tostón, cumpliendo aquel clásico adagio de que "corrida de expectación...". Los toros estuvieron mal presentados, chicos 2º y 4º, escurrido de carnes y feo de cabeza el 3º, y el 5º brocho y flojo de remos -así se señala en la crónica de Toros y Toreros, marcando con ello la salvedad en aquel momento-. Solo cumplieron en varas el 1º, 3º y 6º, manseando los otros tres, librándose alguno de las banderillas de fuego sólo por los pelos; pero al final facilitaron la labor de los espadas.
Gallito, que toreaba su primera corrida del año, tuvo "una tarde glacial, apática, no haciendo en toda la fiesta otra cosa digna de ovacionarse que colocar tres pares de banderillas y un adornito al muletear el cuarto". A Posada se le concedió una oreja, la del segundo, por dar una buena estocada "debido más que a decisión y agallas del muchacho, a que el becerrón descubrió el morrillo y se dejó meter la espada", pero estando muy deficiente en el quinto. Saleri II se lució algo con el capote, amenizando los quites, "quebrando de rodillas y con los rehiletes", pero sin acertar con el sable.
Una corrida, en definitiva, mala, que no hubiese pasado a la historia si no hubiese sido por que fue la primera que se dio en el coso que aun permite acudir con normalidad a los toros en la taurinísima ciudad de Barcelona.
En la plaza de la Barceloneta, ese mismo día, hubo novillada con reses de Anastasio Martín que estoquearon Navarro, Vaqueret y Calvache (el que luego sería famosísimo fotógrafo).