Tal día como el 19 de marzo, pero de 1921 nacerían las corridas falleras a impulso del matador valenciano Manuel Granero. Se lidiaron, para la ocasión, toros de Guadalest, y los espadas anunciados fueron Saleri II, Chicuelo y el propio Granero. La corrida resultó muy mala: dos toros fueron retirados al corral por chicos, y hubo más mansedumbre que bravura. Aunque Saleri y Granero quedaron bien en sus toros, Chicuelo estuvo mal, y hubo un gran escándalo al finalizar la corrida.
En el sexto tris, de Campos Varela, después de retirarse el titular y el primer sobrero, algún gracioso tiró un petardo durante la lidia y como eran épocas algo convulsas, y entonces más de uno usaba pistola, se creyó que era un disparo. Se armó un gran alboroto en el graderío, acudió la guardia de asalto e incluso, en el jaleo formado, salieron a relucir las armas, tanto de policías como espectadores, lo que pudo haber acabado en una verdadera escabechina.
La recaudación del festejo, con un lleno en los tendidos, alcanzó la importante cifra -para la época- de 80.634 pesetas con 50 céntimos. Para hacerse idea, multipliquen la cifra por algo más de mil, y obtendrán el resultado actual.
Pero aunque parece imponerse desde esta fecha la costumbre de organizar un festejo -en los inicios sólo uno- el día de San José, no fue ésta la primera corrida celebrada en esta misma fecha del 19 de marzo. En 1910 tendría lugar la primera que hayamos podido encontrar, corrida en la que se lidiaron seis toros de Concha y Sierra, aceptables de juego y presencia, para Rafael Gómez, Gallito Chico que es como se le llamaba entonces -luego el Gallo-, y el malaventurado José Claro, Pepete. Rafael estuvo regular en primero y quinto, pero bien en el tercero, mientras que el segundo Pepete, mal en su primer toro, bien en el cuarto de la tarde y regular en el que cerraba plaza. La recaudación, con media plaza de aforo, alcanzaría las 26.307 pesetas con 50 céntimos también.
En 1922 se repetiría el festejo, de nuevo con la presencia de Manolito -como se le conocía en Valencia-, pero tras la muerte de Granero en Madrid, el 7 de mayo de ese año y por las astas de Pocapena -de Veragua-, sólo se retomaría la costumbre allá por 1928, fecha en la que quedaría definitivamente instaurada la costumbre valenciana de festejar a San José, y sus fallas, con corridas de toros. En el transcurso de los años, y ya más que mediado el siglo, alcanzarían las Fallas la importancia de la feria de San Jaime, hasta desbancarla a un segundo lugar prácticamente en los años 70.