Tal día como el 30 de abril, pero de 1849 se estrena la ganadería de Juan Miura en Madrid, corriéndose con divisa encarnada y negra. Ese mismo día se lidiaron otros dos toros del Marqués de Casa Gaviria y otros tantos de Luis María Durán. Estoquearon la corrida Francisco Arjona Guillén, Cúchares , que cobró 3.800 reales, Manuel Díaz "El Lavi" , que recibiría por su actuación un total de 1.700 reales, Julián Casas, "El Salamanquino" , a razón de 2.000 reales por festejo, y Cayetano Sanz que, en los inicios de su carrera, sólo recibió 900 reales.
La corrida se inició a las cuatro y media de la tarde, siendo imposible conseguir una entrada a última hora por la aglomeración de gentes frente al despacho de billetes, según cuenta el diario La Reforma el siguiente 2 de mayo. Unos muchachos se ofrecían, por poco coste, a arrostrar los empujones, codazos y brazadas de las gentes y conseguir así una entrada para los que llegaban a última hora. El periodista suplicaba al Marqués de Santa Cruz, "exterminador de la polilla de los revendedores", que permitiese a estos chicos ganarse unos reales a base de padecer y sudar las colas insufribles.
La crónica nos cuenta así el estreno: "El tercer toro de la ganadería nueva que se anunciaba perteneciente a... Miura, ha dejado bien puesto el honor del pabellón; ya lo conocerían en su casa cuando le han puesto por muestra, ha sido el toro de la corrida, el Ney o valiente entre los valientes, no era muy grande ni de perfecta formación, en medio de no adolecer de ningún vicio exterior, pero lo que es su espíritu, ni el solimán corrosivo le iguala; era bermejo, girón, un poco berrendo de nalgas; entró dándole un terrible batacazo a Varillas, desarmó y magulló al Habanero, saltó dos veces la barrera, dejaba limpio cada instante la plaza de picadores y chulos, éstos camino de la cuadra, y aquellos como monos, encaramados en el olivo; mató cinco caballos, hirió tres, todos de una misma manera y después, o más bien por compasión al empresario lo rehiletearon todavía fresco y recrecido a más no poder, matándolo el Salamanquino de cuatro pinchazos y descabellándolo muy bien, al final que se había hecho enojoso y pesado por lo rebelde que estaba a la muerte."
Este fue el toro con el que se estrenó la ganadería de Miura, un colorado, berrendo por atrás, feo y de no demasiado trapío para el que entonces se estilaba en la plaza de la Corte, y de lo que ha quedado como testimonio en buena medida, los famosos toros dibujados por Castellano entre 1851 y 1855. El sexto fue un toro muy divertido al que los espadas capearon con gracia y donosura y pusieron banderillas los cuatro, "recordando sus juveniles años, ...sin saberse cuál lo hacía mejor, porque todos estuvieron admirables", y añade el cronista, "Si alguna vez han merecido bravos coronas, dulces sombreros en plaza y todo lo que se lisonjee a un torero, ha sido esta tarde". También los toros de los tres ganaderos le merecen un juicio positivo: "Igualmente los toros debieron ir de nuevo a sus dehesas y darles este mayo a cada uno dos docenas de concubinas y buenas sombras para cucar...".
Festejo admirable, ya que "en resumen, la corrida no ha podido mejorarse, ha satisfecho todas las ambiciones; es seguro no se reunirá ni combinará otra más igual en todas sus partes, y lo mismo que yo -decía el redactor de La Reforma- y que todos, decía un inglés que a nuestro lado estaba, el cual a impulsos de su entusiasmo, tiró dos o tres veces la castora [el sombrero] a la plaza".
En Madrid lidia Miura con otros colores de divisa porque cuando fué pòr primera vez a Las Ventas, Habia otra Ganaderia que tenia los colores verde y grana y por eso Miura tuvo que elegir los colores verde y negra. En el resto de Plazas siempre verde y grana.