A pesar de irse de vacío en su vuelta a los ruedos, Jesulín de Ubrique se sentía "contento" por cómo habían transcurrido las cosas en Castellón: "Por lo menos he podido matar la corrida de toros, he estado ahí, lo más cerca posible de los animales. Fíjate que hacía dos años y medio que no toreaba, ni ponerme delante de un toro y reencontrarme con las sensaciones es muy bonito".
El de Ubrique también reconocía haberse sentido cómodo con su primero, "porque el animal también lo permitía, el más potable aunque ha durado poco. Ha habido de toros, mejores y peores animales". Una corrida en la que ha toreado con la mano vendada, tras la lesión sufrida el día antes de reaparecer en Vistalegre: ¿La mano?¡Bien!¡Todavía liada!", finalizaba.