Una excelente novillada de Antonio Palla se ha lidiado en Arles en esta fría mañana de Domingo de Resurreccion. Fue una lástima que el primero de los seis novillos blandeara. Eso sí, bravo noble y repetidor, permitió cuajar una gran faena a Rubén Pinar que aprovechó las condiciones del novillo, al que no obligó en exceso, perdiendo la posibilidad de tocar pelo al marrar con la espada.
El garbanzo negro de la novillada fue el cuarto. Un animal de incierto comportamiento, que desparramaba la vista y embestía a oleadas. Un difícil novillo con pocas posibilidades, y al que no había que quitarle la muleta de la cara. Así lo hizo y lo vio Pinar que se la jugó, consiguiendo hacerse con su embestida y sacando buenos muletazos.
Marco Leal ha sido el máximo triunfador de la novillada, tras pasear un total de tres orejas. El francés cortó dos del segundo de la mañna, un gran ejemplar premiado con la vuelta póstuma al redondel, al que el de Arles, dejó crudo en varas y con el que se lució con los palos. Leal comenzó la faena con un par de pases cambiados, para luego llevarlo embebido en los vuelos de una muleta violentamente zarandeada por inoportunas ráfagas de viento. Ya en el epílogo ligó varios circulares antes de tumbar patas arriba a su oponente de una entera algo caía.
El quinto fue otro gran novillo, al que Leal permitió tan sólo dos brevísimos encuentros con el del castoreño. El animal tomó muy bien la muleta en la media distancia, haciendo el avión, y repitiendo. Unas condiciones de nuevo aprovechadas por un firme Marco Leal, que paseó una oreja pese a fallar con la espada.
El tercero de la mañana fue muy doblón, aunque hizo algún que otro amago de querer rajarse. El trasteo de Román Pérez fue de más a menos aunque y mató de una gran estocada. El francés afincado en Salamanca sí estuvo muy a gusto con el sexto, un animal con nobleza y con recorrido. Román lo toreó con temple y profundidad por ambos lados, escuchando un aviso antes de entrar a matar. Más de media fue suficiente para hacer doblar al de Palla.