De los seis toros que Fernando Domecq embarcó para Sevilla, sólo dos permitieron lucimiento. A medias. Los dos cayeron en manos de El Cid. Suerte en el sorteo. Una más. Los otros cuatro, desiguales de hechuras, no tuvieron fondo. Ni bueno ni malo, que es lo peor. Mansos varios, rajados otros pocos, apagados casi todos. Dos años lleva Zalduendo lidiando en Resurrección y dos años sin romper la corrida.
Abrió plaza un toro con muchos pechos. Hecho en dos. Mucho tren delantero y poco remate por detrás. El animal comenzó a meterse rápido en los lances capoteros de Ponce. Por el derecho ni uno. Enrique lo sobó mucho. Probó por ambos pitones y estudió con detenimiento. Cual científico. Se metió rápido con él en la faena. Dos por bajo. Para demostrar quien mandaba. El animal protestó por el pitón de siempre. Aun así, Ponce se puso sobre la diestra. A desengañarlo. Dos series de castigo, llevándolo muy tapado. Muy seguro, sin tocarle nunca las telas.
Todo en el tercio, donde quería el animal. Cuando tomó la zurda, el animal amagó con rajarse. Una miradita pensativa. Ponce aguantó sin inmutarse. Cruzadito, echándole la muleta al morro. Ni una duda. Tiempos de respiro para un animal que se fue quedando más corto. Mucho más. Un par de veces se quedó debajo. Orientado, a la defensiva, el animal terminó rajándose. Con cierto genio. Un regalito para abrir temporada. Una estocada efectiva y capítulo aparte.
El segundo de Ponce huyó por la plaza. De salida se emplazó en la puerta de toriles y escarbó lo suyo. A éste no le hizo efecto la divisa que, por cierto, vuelve a colocarse en Sevilla. Bonito detalle. Ponce lo sobó y dibujó algunas verónicas tras el tercio de varas de buen trazo. Una media para dejarlo preciosa y un quite por delantales, ganándole pasos. No tuvo más el toro. Ponce lo exprimió cual limón. En las rayas, dejándole la muleta en el hocico para aprovechar la inercia del segundo muletazo. Doblándose por bajo para hacerse el dueño. Dos doblones le duró el toro, que cantó su casta mular. Abanto, huído. Cada pase buscaba la salida. Porfió Ponce en tablas. Muy cruzado y tapado. No había más.
Talavante no tuvo opción tampoco. El tercero, un castaño largo, manseó de salida. Y en tablas de sol presentó batalla. Lo dejó ir Alejandro a ese terreno, y el animal, en cada muletazo, buscaba salida. Sin ser malo. Tomaba la muleta por bajo y con cierto recorrido. Más no con transmisión. Talavante le dio muchos pases. En un ladrillo. Quieta la planta, jugó con muñecas y cintura. Sin transmisión. Faltó ponerle ánimo a la cosa.
El sexto lo brindó al público. Cosa rara. No era toro de brindis. Otro animal parado y desrazado. Alto y largo. Vacío. En los medios lo saludó y allí intentó armar faena. No pareció sólida la estructura. Tampoco había material. Pero Talavante se puso pesadito. Terminaron pidiéndole la hora.
El Cid sorteó buen medio lote. El segundo tuvo mayor transmisión que todos sus hermanos juntos. Se gustó Manuel Jesús en un ramillete de verónicas. Y después con la muleta. El toreo al natural. La mano izquierda de El Cid. El animal se desplazó humillado y con son. Veinte pases. No más. Los aprovechó El Cid con su toreo. Largo el viaje, templada la muleta. Sin enganchones. Bien estructurada la faena. Aliviándole un poco en el inicio para romperlo después. Exprimiendo lo que había. Series ligadas con los de pecho, de cartel. Se volcó al matar y la espada, efectiva, puso en sus manos la primera oreja. A la postre la única.
El quinto tuvo mucha clase. Le gustó a Manuel Jesús de salida. Quitó por verónicas de mucho gusto e intentó replicar Talavante. El animal andaba muy justito de fuerza. Perdió las manos dos veces y la faena fue de mimarlo mucho. Lo hizo en el principio de faena, en la media altura. Pero luego lo obligó por bajo. Demasiado. Sin administrar. Trincherazos redondos con pases en redondo que exigieron al toro un esfuerzo que no podía acometer. Se enfrió la cosa en las últimas series. No terminó de calentarse la historia y saludó una cariñosa ovación.
Estimado Sr. Juárez, me molesta mucho ese "tópico" establecido de que El Cid tiene suerte en los sorteos. Respecto al encierro de ayer, se llevó el lote mejor; sin duda. Pero insistir en esto tras cada triunfo del maestro de Salteras, es suspicar a cerca de su conocimiento, oficio y de su excelente cuadrilla que son unos excepcionales lidiadores. Puestos a restar importancia a los éxitos de esta indudable figura, justifiquemos petardos de actuaciones de Morante u otros toreros de similar corte, diciendo: no tiene suerte en los sorteos.
vi a talavante en ecija y pense en que solo era un mal dia hoy lo he visto e sevilla y no creo que fuera solo un mal dia...estoy deacuerdo que sus toros no fueron buenos, pero lo veo falto de (ganas, ilusión y muchas cosas mas que hacen falta para mantenerse en esto)