Si los antis que se manifestaron a las puertas de La Maestranza hubiesen tenido ocasión de ver la corrida de hoy, habrían salido aficionados. Un poquito. Fue tarde de emociones y de hacer afición. De tres toreros en sazón, que salieron a dar la cara y que reventaron Sevilla. La maestría de El Juli, la belleza del toreo caro de Manzanares y la profundidad, temple y dominio de un Perera arrollador. No cabían dudas. Era el cartel de la feria.
La tarde tuvo runrún desde el comienzo, desde que Juli se abrió de capa con el primero, una mole de más de 600 kilos, al que toreó a cámara lenta a la verónica. Virtuosismo puro terminó siendo la faena del madrileño. Esos seis lances despaciosos dieron paso a una lidia milimétrica. Dio orden de que no se pegase al toro en el caballo. Se ahogaba el toro, que amagaba con pararse a la primera. Algo más brioso, Julián le recetó un ceñido quite por chicuelinas y una media de caro dibujo. Sevilla estaba a punto. A ese toro lo faenó Juli en un palmo de terreno. Todo autoridad, mucho valor y paciencia infinita. Para no dudarle un paso, para encelarle con mimo y para llevarle hasta donde quiso y un poco más.
Entre mirada y mirada, haciendo auténticas radiografías de su figura, hubo dos parones de escalofrío. En la chaquetilla y en la bragueta puso el toro los pitones. Literalmente. Rozando el punto. Y ahí aguantó El Juli sin inmutarse. Sólo quedaba tragar o tragar. Firme y hasta con cierto desmayo, Julián consiguió robarle muletazos de gran sabor. Sólo faltó que la banda, cicatera, se sumase a la fiesta. Lo hizo Sevilla, con esa tan cantada música callada del toreo. Julián tumbó al toro de un estoconazo en la cruz. Perfecto. Cortó una justa oreja y demostró, no sólo su magisterio, sino que estas faenas a estos medios toros son las que separan a las figuras del toreo del resto. A años luz.
Con la plaza hirviendo saltó un toro segundo muy importante. Y muy curioso. El animal, de preciosa lámina, se pegó un volteretón de salida. Pero apretó en el caballo de bravo. Se vino de largo y empujó metiendo los riñones. Más de lo mismo en la muleta, con mucha movilidad y transmisión, pero cogiendo los engaños siempre por bajo, siempre yéndose hasta el final, siempre fijo y encelado. Después de seis series demoledoras, el animal se terminó rajando. ¿Fue bravo? Sí. ¿Terminó rajado? También. Lo había reventado el mejor Manzanares.
La faena del alicantino fue un canto al toreo bello. La composición de este torero es difícilmente igualable. Con estética, técnica y temple, Manzanares cinceló una obra de bellos trazos. Firmó José Mari tres series en redondo que fueron un primor. Llevándolo largo, codilleando un poco, pero templando como los ángeles. Temple y cadencia, empaque y buen gusto. Belleza plástica del toreo. La serie al natural alcanzó cotas superlativas. Y los remates: por trincherillas, kikirikíes, recortes a pies juntos, de pechos o por bajo.
Al final, exprimido el toro hasta la última gota, se rajó. No pudo redondear el alicantino cuando el toro pidió tregua. Quedó esa serie de terminar de crujir la Maestranza. Y que la espada cayese más delantera. Por eso perdió las dos orejas que tenía en la mano.
Tras tres toros en los que apenas pasó nada, llegó el cénit de la tarde. Y de lo que va de Feria. En ese intervalo, Perera dio una lección de colocación con el tercero, un toro manso que siempre buscó la huída y al que el extremeño sujetó dejándole la muleta siempre en el morro. Provocándolo y tapándolo mucho. Enhebrando series casi en círculo. El Juli apenas tuvo opción con un cuarto sin fondo que se paró muy pronto, con el que se metió por ambos pitones y al que recetó otro estoconazo al vuelo. Su lidia fue perfecta. Todo para el toro. Tampoco tuvo demasiadas opciones Manzanares con el manso quinto, que tiró pronto hacia chiqueros. José Mari se lo intentó sacar y el toro siempre buscó salida. No pudo ser.
Así las cosas, Perera reventó la tarde y Sevilla con el sexto. Miguel Ángel firmó una faena de consagración de un torero. Y es muy probable que, al hacer repaso de su temporada, haya un antes y un después de Sevilla y de esta labor. El toro, más terciadito que otros hermanos, no apuntó cosas buenas en los primeros tercios. Ni fuerza ni mucho menos clase. Escarbó lo suyo, echó miraditas, apretó y cortó en banderillas y no se empleó en el peto. Parecía otro más, pero Perera lo vio claro y se fue a los medios. Como es costumbre, lo dejó crudo. Miguel Ángel venía a apostar fuerte. Sí o sí.
El guiso echó a hervir sin esperas. Apertura clásica en el extremeño. Cite desde los medios y un ajustadísimo cambio por la espalda. Otro por alto y nuevo cambiado. Aún más milimétrico el embroque. Y el remate con circular y remates por alto, enlazados. Todo en un ladrillo. Sin moverse ni rectificar. Estalló Sevilla sin esperar más.
Perera le dio tiempo y sitio al animal. Fue clave en la faena. Pero muy rápido comenzó a romper al animal en una serie de cuatro en redondo ligados con el de pecho. Por bajo, dejando siempre la muleta puesta, encelando al animal, al que llevó largo, muy largo. Enroscándoselo casi. La música atacó con ‘Dávila Miura' y la fiesta fue completa. El solo de trompeta, con Perera andándole al toro y citando de frente, dando el pecho, las zapatillas atornilladas en el albero y el dominio de la tela, impresionante.
Todo el mundo se inspiró en ese momento. El animal rompió con gran clase. Se vino pronto, galopando y tomando con celo la muleta de Miguel Ángel, en plenitud de figura. La colocación fue clave, y el dominio y la entrega, puntales de una obra de muchos kilates. No hubo un error en los cites, ni una sola rectificación en las zapatillas.
Tres series con la muleta arrastrando por la arena, rematadas con cambiados abrochados y barriendo el lomo del toro, pusieron a todos de acuerdo. El pulso templado del de Puebla del Prior prendió en Sevilla, que terminó de crujir con una serie monumental al natural. Despacito, a cámara lenta. Entre la madeja de cinco, hubo un natural que a mí me impresionó. De los que se recordarán a final de año. Más despacio no se puede torear. Ni más largo. Ni más puro. Más que un pase obligado fue una caricia para el toro.
La faena sólo tuvo un pero, un intento de echarse encima. Lo hace el torero con mucha naturalidad, y quizá por ello se pasó un punto. Nada que no pudiese subsanar con una última serie de reventón sobre la mano diestra. Muy vertical. Muy hondo. Esa faena no se podía escapar y Perera agarró una estocada a capón. Pelín perpendicular. Por eso demoró el toro algo su caída. Dos orejas justísimas. A ley. Y no sorpresa alguna. Estaba cantado lo del extremeño. Ahora sólo queda apartarse. Puede ser temporada de apisonadora.
La universidad de la Maestranza doctoró a Don Miguel Angel Perera Díaz.Enhorabuena Maestro
Perdón, Rosa, talavante, Castella y otros ya le han dado alguna que otra lección en la pasada temporada a toreros como Perera, y ésta no ha hecho más que empezar, así que tranquilos, que hay festejos para valorar AL FINAL quién es quién. Perera es un torero hosco, no alcanza con su toreo, pero es una impresión personal, para gustos, colores.
¡Enhorabuena, Perera! Sabía que te llegaría el gran triunfo en Sevilla. Sigue deleitándonos con tu toreo, maestro. ¡Suerte!
Muy bien perera, manzanres fantastico en su primero, ya que el segundo, ni a Juli ni a el les dieron opciones, julain ENORME en el primero, primera figura del toreo, lo sigue demostrando.
Hay unos que dicen que Perera no les toca. Yo soy una de esos, porque pienso que le falta la vocación. Pero lo que importa es: Para gustos se hicieron los colores…Cada aficionado tiene un Maestro con quien puede apasionarse lo más. ¡Eso es! Bien para los aficionados y también para los diestros.
Saludos de Hamburgo/Alemania
Ayer se vio a tres toreros de verdad y quedó manifestada la rivalidad que habrá entre ellos a lo largo de la temporada. Gran tarde también la de las cuadrillas.
Fantástico PErera, comenzando la temporada 2008 tal y como acabó la anterior, CUMBRE. Peazo torero. Valiente, variado y con un temple y una técnica como pocos. Este va a ser un grande si no lo es ya, del TOREO. Salud.
Je pense que cagancho a raison. Quant à moi également, Perera n’arrive pas à me toucher. J’ai même l’impression qu’il n’est qu’une imitation : Il copie l’art du Maestro Sébastien Castella. Pour parler franchement : ¡Le falta la pasión! En renonçant à l’extraversion, aux grands gestes, en toréant de façon si passionnée, Sébastien Castella, ce romancier aux arènes est un ambassadeur de la sensualité et beauté de la vie. On peut bien sentir que la tauromachie est sa vocation : Il ne parle qu’avec le cœur….et ça touche…
ENHORA BUENA A PERERA. ESTUVO CUMBRE.
Perera es un figurón, me encanta su estilo en la plaza, con la muleta y el capote, pero también me gustaron el Juli y Manzanares, fue una corrida para hacer afición.-