Señor Canorea, Señor Juan Pedro Domecq, no tengo palabras. Han terminado hundiendo el prestigio de Sevilla en algo más que aguas fangosas. Ustedes dos, uno por comprador, y otro por vendedor, se han cargado, a lo grande, una feria. Con un tremendo descalzaperros. Si alguna culpa hay de que La Maestranza quedase convertida en la plaza de Alcalá de Guadaira, pidiendo la oreja para el cabestrero, es suya, sólo suya.
No sé si estarán dolidos o abochornados. Lo dudo. Empiezo a pensar que no tienen afición a los toros, por muchas décadas en la profesión. No puedo entender todavía como, viendo la corrida de hoy, viendo que había seis toros en el campo, nos timaron con los novillejos del lunes. Si sólo había una corrida en el campo, no entiendo que se anunciasen tres. Ni que nos lo vendiesen como ‘Jamón de Jabugo', ni como un manjar exquisito. Se atragantó el domingo, se indigestó el lunes y acabó provocando una gastroenteritis la de hoy.
La corrida del viernes de farolillos, lastrada también por la semana tan loca que llevamos presenciada, no fue ni un engaño, ni un timo, ni nada por el estilo. Fue decepcionante. Porque quita la afición, porque le hace a uno salir huyendo de una plaza de toros, porque le hace salir abochornado de una plaza de categoría que al final, por no armar un motín, termina tomándoselo a broma provocando un esperpento. Porque quienes venían por vez primera a los toros a ver a dos toreros en un gran momento y a un artista, han jurado que no volverán a pisar más una plaza de toros.
La tarde no hay por donde cogerla, ni tampoco analizarla. Para qué. El oficio de periodista es demasiado duro y demasiado desagradable en estos casos. A la corrida tampoco hay por donde meterle mano. Cuatro sobreros es el balance de Juan Pedro en Sevilla. No para estar orgulloso, precisamente. Tres en la tarde de hoy. Premio.
La corrida tampoco tuvo presentación. Fundamentalmente, por la escalera y la desigualdad. Da la impresión de que el ganadero buscó y rebuscó tras lo del lunes para encontrar algo mínimo. Tres toros le echaron para atrás en el reconocimiento. Alguno más tuvo que correr el mismo signo. Se protestó el sexto de salida y mucho más cuando se abrieron los pitones en flor tras una voltereta. Y el jabonero quinto, cinqueño que estuvo reseñado para Madrid el año pasado, fue toro altón, feo e impropio. Ese no es el toro de Sevilla.
La tarde parecía marcada por un gafe. O por un ganadero que debe descansar un tiempo hasta que no sanee su casa. Nadie dice que sea mal profesional ni criador. A lo peor, la ganadería no está en su mejor momento. Y por eso, mientras no mejore, debe descansar. Por él y por el público. Por todos.
Los dos sobreros de Pereda tampoco cambiaron el signo de la tarde. En jugado en segundo turno tuvo buen aire. Cinqueño, corraleado y con cara vieja, resultó mansito, pero con movilidad y cierta transmisión. Galopó el toro. Comenzó a mansear de salida y terminaría rajándose, pero entre todo, hubo unas arrancadas con un punto de emoción. Muy pronto y vivo, sorprendió un par de veces a El Cid. Por su mano buena, la zurda, fue mejor el toro. Largo el tranco. Fue toro importante por ahí hasta que, podido, se rajó. Tres series apenas.
El Cid se puso a torear rápido al natural. Un pelín fuera en el cite y en el embroque, enganchó al toro, lo esperó con la muleta pelín retrasada y ligó con buen son, con gusto, muletazos muy largos. Hasta el final. Tres tandas importantes, cantadas y ovacionadas con fuerza.
Amagó el animal con irse a tablas y se enfrió la cosa. El Cid se mantuvo en el mismo terreno y el toro se salió suelto cada vez que el muletazo tenía salida en tablas. Ya no hubo serie compacta. Era muy difícil ligar. Para colmo, El Cid pinchó un par de veces. En la primera se le vino al toro y no rectificó. Ganó la acción el de Pereda.
El segundo sobrero fue toro con tanta transmisión como guasa y peligro. Muy difícil. Incluso para hacer un esfuerzo. Su embestida tuvo siempre dos tiempos. Uno primero en el que pareció emplearse, tomándola por abajo. Ahí comenzaba a meterse un punto hacia dentro y a pegar, siempre, un violento tornillazo, como si quisiese quitarse la muleta de encima. Muy violento y muy áspero. Perera brindó y lo intentó. Firme la planta, no dio con la fórmula para que ese violento cabezazo no enganchase, lo que deslució lo suyo la cosa. Lo mejor fue al final. Cuando no intentó ligar y aprovechó los muletazos sueltos, echando la muleta adelante y ganándole al toro la acción, muy cruzadito, buscando el pitón contrario. Lo mejor, la estocada.
No hubo más. Curro Díaz se las vio con dos Juan Pedros con guasa. Uno primero que le cogió feamente por el pecho en un cite por fuera y que le dejó grogui toda la tarde. Algunos detalles bellos. Las primeras series sobre todo. Muletazos cortitos, series algo largas. Muy mal con la espada. El cuarto, el de mejores hechuras de la corrida, se vino abajo ya en banderillas. Llegó sin un pase a la muleta. Se puso guasón también con miraditas, medidas e incertidumbres. No hubo material posible. Tarde en blanco.
Cuando asomó el jabonero quinto la gente ya no quería nada. Que terminase cuanto antes. Iban casi dos horas de corrida ya. Intentó estirarse El Cid y pareció que podía ser. Nada, nuevo chasco. La apertura fue bella. Apertura y cierre, porque el toro, como dice el maestro Chenel, echó las persianas y se acabó lo que se daba.
El sexto, con un pitón derecho astillado de salida, se desfloró en dos volteretones. Bien devuelto sin esperar más. A las nueve asomaba un sobrero de El Serrano. Un toro más. Ni bueno ni malo. Medio borrico más bien. Un coñazo. Ese toro, en otra tarde, en otras circunstancias, pudo ser más. Pero por bajo el animal se derrumbó y más aliviado tropezó engaños. Nadie quería más. Lo mejor fue, de nuevo, la estocada de Perera. Efectiva.
Así terminó un espectáculo lamentable y triste, porque así es como se dan las puntillas a la Fiesta. Se ríe uno de los antitaurinos que nos llaman asesinos. Les invitaba yo a una corrida de Juan Pedro en Sevilla.
La pregunta, visto lo visto, es obvia. ¿No hay más ganaderías para venir a Sevilla, aunque no sean de ganaderos maestrantes? ¿Mereció la pena ahorrarse los millones de Cuvillo? Cree uno que la plaza, la feria y la Fiesta necesitan un cambio urgente. Sevilla necesita un impulso y una renovación. Es urgente. Yo no quiero esta Fiesta. Esto no es el toreo. Es una basura y una vergüenza. Basta ya de todo esto, por favor.