Las dos imágenes que Diego Ventura protagonizó esta mañana tardarán mucho en olvidarse. Por su ajuste, su riesgo, su forma de pasar todos los límites. El más allá todavía. El imposible. El quiebro en milímetros a lomos de Distinto, y la espectacular mordida de la cepa del pitón con Morante son ya dos de las imágenes de esta más que pobre Feria de Abril.
El quinto no fue un buen toro. Tuvo mala guasa. Cortando mucho y cruzándose con los caballos. No era fácil la apuesta. Con una Puerta del Príncipe a sus espaldas, Ventura pudo haberse tapado. No lo hizo. Sacó la raza y la ambición de las figuras. Se lo dejó crudo con un rejón de castigo. Desde los tendidos se lo pidieron y Diego, con el segundo en las manos, apostó por el toro. De forma casi suicida.
Tras el saludo, al meollo. Con las estrellas de una de las mejores cuadras de los últimos años. Guaraná y Distinto al poder. Con el primero, un espectacular alazán de crines sueltas, Ventura dejó las primeras banderillas dejándoselo llegar mucho en los cites. Era la única forma con un ejemplar que no quería ir. Y cuando lo hacía, buscaba presa. Lo hizo por dos ocasiones, ajustando, atacando de frente. En la segunda, el animal dijo que nones.
Quedaba aún el plato fuerte del menú. Distinto, un precioso tordo que aguanta mucho a los toros. A tres metros se colocó, de frente, en el centro del platillo. El toro emplazado y el caballo, apoyado sobre los posteriores, sin inmutarse. Ni un mal gesto. Compenetración absoluta con el jinete. El toro que no y el torero que sí. Un toma y daca sin igual.
No pudo ser a la primera, porque el toro no arrancó nunca. Cambió entonces de orientación, dándole al toro salida a toriles. Ahí aguantó de nuevo emplazado el animal. Dejó venir al caballo, aguardando tras la mata para hacer presa. A punto estuvo. Cuando el toro amagó con venirse, Ventura y Distinto ejecutaron un quiebro milimétrico. Dos metros a lo sumo. Crujió Sevilla y crujió La Maestranza entera. A sus pies. En pie lo premió con una de las ovaciones más rotundas de la feria.
Por dos veces repitió Diego la hazaña. Se le vienen a uno a la cabeza, en comparación con el toreo a pie, las actuaciones de El Juli y El Fundi con dos toros nada fáciles. Aguantando y mandando. Una lección.
Había más. Quedaba una de las sorpresas de este año. Un Morante muy valiente. El día 30 mordió la punta del pitón de uno de los toros. Hoy lo superó. Porque el bocado fue fenomenal. Hasta la cepa. Tras la primera banderilla corta, el caballo se echó literalmente encima del toro. El de Cubero lo cogió por los pechos y Morante, que no soltó el pitón, se lo quitó encima con las manos. Fue angustioso. Salieron victoriosos caballo y jinete. Tanto, que el toro buscó las tablas acobardado. Rendido.
Un pinchazo previo a un rejonazo efectivo y sin puntilla pusieron en sus manos las dos orejas. Quizá si no hubiese marrado le habrían pedido el rabo. Quien sabe. Lo cierto es que Ventura dio otra lección, en esta ocasión con el toro menos propicio de la corrida, y sigue manteniendo ese ritmo huracanado de sus últimas temporadas. Hoy por hoy, no hay quien le tosa.
La agradable matinal de rejones, a plaza llena, dejó muchas más cosas. Aunque sólo se cortó una oreja, si no llega a ser por el fallo con el definitivo alguna más se habría paseado. De todo hubo. El premio cayó en manos de un Andy Cartagena maduro y en figura. Su toro fue el más deslucido de la primera parte de la corrida, por parado y aplomado. Rápido se rajó un precioso berrendo aparejado, puro vega villar.
No duró el toro y todo lo tuvo que poner el benidormí, que fue subiendo la tensión a medida que avanzaban los minutos. Con Fandi, un caballo muy valiente que siempre buscó la cara del toro, clavó muy bien. Con Pericalvo, un caballo elástico y de alegre galope, Andy llenó plaza en adornos, cites y embroques ajustados. No le dejaron poner en este caso las cortas. Torpe estuvo el presidente. El Reglamento andaluz establece que no se podrán clavar más de cuatro farpas o pares de banderillas. Seis son tres pares ¿o no?
Leonardo Hernández cerró festejo con una actuación en la que sobresalió su buena doma y mucho temple. Y un gran caballo, Amatista. Es un milagro lo de este chaval, que perdió la visión del ojo hace meses. Se confirman los mejores presagios de Castellón y Valencia. Pero hoy faltó poner un poco más de chispa a la cosa. Su toro fue bueno. De los que más duró. El fallo a espadas, con el toro muy metido en tablas, dejó sin premio una buena labor.
Álvaro Montes dio una vuelta al ruedo tras una petición mayoritaria. El jienense estuvo más templado que en otras ocasiones y su toro, que se apagó rápido y amagó con rajarse, quizá acusó los dos rejones de castigo. Todos los otros terminaron cambiando con un hierro nada más. Montes se gustó a lomos de Chambao en banderillas y después, con las cortas, ajustó de forma casi milimétrica. Tres, fueron tres, en un duro, que decían los antiguos. Lo mejor de su actuación fue su doma, los recursos para sujetar al toro. La colocación de los hierros, demasiado arregular.
Antonio Domecq abrió la mañana con un toro de buen son que duró un suspiro. El jerezano firmó una labor marcada por el clasicismo y la doma campera. Muy limpia y de muy alto nivel. Jugando con los terrenos a la perfección. Un gusto para la vista. También emborronó su actuación con el definitivo.
A Martín Burgos se le vio demasiado nervioso con el segundo, toro que esperó algo más. Por justo. Demasiadas pasadas en falso del jinete de Leganés. Sus mejores momentos llegaron a lomos de Alí, en un quiebro rematado con una banderilla al violín. Tampoco acertó con el de muerte.