Lo de Juan Pedro continúa con el rumbo equivocado. O a lo peor, los equivocados somos nosotros. A lo mejor el ganadero busca ésto, y por tanto, enhorabuena. Pero a tenor de cómo pitaron cuarto y quinto en el arrastre, parece que anda algo equivocado. O por lo menos, su gusto no es el mismo que el de los públicos. La debacle sevillana parece haber pasado factura y en Jerez se vivió lo mismo que a poco más de cien kilómetros. Silencio, público frío, aburrido y sin terminar de romper.
Si el ministro Bernat Soria, aficionado reconocido, hubiese acudido al coso de la calle Circo, es probable que hubiese decretado más que rápido una alerta ganadera. Recomendaría no ver más Juan Pedros mientras no se recupere una divisa tan histórica. Puede ser contraindicada para la afición al espectáculo. Una corrida en la que la suerte de varas de convierte en mero trámite, en la que las embestidas de los animales resultan somnolientas, todos echando el cierre a poco más de dos tandas, sin apenas vida, no resulta un espectáculo gratificante. Para nadie. Y ya son demasiadas veces en apenas un mes.
Cayetano cortó las dos orejas del sexto tras una faena con dos partes muy diferenciadas y vivida con mucho fervor en los tendidos. Como si quisiesen desquitarse de todo lo que habían presenciado hasta entonces. Entraron en ese momento en la corrida, pues durante los cinco capítulos anteriores habían estado casi ausentes. Muy fríos. Muy lógicos.
Ese sexto fue el único animal que llegó con algo de vitalidad a la muleta. Aunque ya abrió la boca en el peto y le costaba respirar. Pero al menos tuvo tres series. Buscando la salida, abriéndose mucho, pero al menos tuvo eso. A ese animal lo toreó bien de capa Cayetano. Con gusto. Rodilla en tierra primero, en un vistoso galleo para llevarlo al caballo y en tres verónicas y una media de buena factura en el quite. Mucho temple y mucho mimo.
Así se decantó la cosa y el público empezó a apoyar. Cayetano brindó y se puso pronto con el toro. No estaba para derrochar embestidas. Hubo tres series en redondo muy buenas. Con empaque y hondura, con ese concepto agitanado del madrileño. Tan natural, tan bueno. Sólo un pero, la distancia. Demasiada. Pero apostó Cayetano y dio la vuelta a la tarde.
Después, a la salida de la tercera serie, el toro cantó la gallina y buscó tablas. Se frenó y no hubo más. Sin vida. Se refugió en los adentros y ahí presentó Cayetano batalla sobre la zurda. Pases en redondo, con gestos al tendido y por alto fueron la otra fase de la faena. En la que había que vender lo que el toro no tenía. Más ajustado entonces, Cayetano quiso y pudo. Lo tumbó de una estocada efectiva y se pusieron en sus manos las dos orejas. El desquite de la tarde.
Antes, todo fue horrible. Como aficionado. Los dos primeros toros tuvieron tanta clase como nulo fondo. Muertos en vida, cansinos, al paso casi. Sin fuelle ni chispa, sin gota de vitalidad. Una cosa es el toro artista y otro el toro somnoliento. El tercero tuvo algo más de chispa, más transmisión. Pero no tanta clase. Manso desde los primeros tercios, el toro arreó lo suyo en tablas. Tampoco se vio entonces mucho planteamiento en la faena de Cayetano. Demasiado deslavazado resultó todo.
Al menos parecía que la corrida podía remontar en ese punto. Algo más de motor del animal, aunque sin clase, podía anunciar algo mejor para la segunda parte. Pero cualquier cosa mala siempre puede ser peor. Y ahí salieron cuarto y quinto. ¡Vaya tela! Se llamaba éste. Tiene guasa. Como el ‘Asquito' de Sevilla. ¿Quién pondrá estos nombres? ¿La Pitonisa Lola?
El Cid y Manzanares se estrellaron. Una pena, porque en los apuntes que tanto uno como otro dejaron se vio a dos toreros en buen momento. Pero con animales moribundos es muy difícil, casi imposible, que la plaza pueda vibrar con los naturales de Manuel Jesús o los carteles de toros que Manzanares dibujó en el segundo. Hubo muletazos a cámara lenta, auténticas caricias, sentidos y mecidos, con mucho gusto, sobre la mano diestra. Pero no había ligazón posible. Lo dicho, ¡vaya tela!.
quien a dicho que cayetano ha estado bien los que cojen dinero de los apoderados valla verguenza de presidenta les ha regalado las orejas a ver si aprende a torear cayetano, . parece mentira que teniendo a un maestro como curro vazquez todavia no ha aprendido a cojer el capote