Jesús Fernandez, que debutaba con picadores, ha sido el único en tocar pelo en la novillada celebrada esta tarde en la Monumental de Barcelona. El ganado de Casasola (Hermanos Martín-Tabernero Ramos) acusó, en general, falta de fuerza. Dos debieron ser devueltos y sólo tercero y cuarto se prestaron al lucimiento.
El novillero local Jesús Fernández recibió a su primero con una larga cambiada de rodillas en terrenos de tablas e inició su faena muleteril con un pase por la espalda citando desde el platillo y seguir con cuatro lances sin enmendarse. Toreó después con gusto por los dos pitones y remató su labor por manoletinas. Mató de estocada entera.
Al que cerró plaza, lo lució en el caballo poniéndolo de largo, pero el de Casasola tomó una vara empujando en manso y salió huyendo en la segunda entrada. LLegó a la muleta con malas intenciones, quedándose corto y revolviéndose peligrodamente. Tras un achuchón sin consecuencias y una vuelta de campana del astado, Fernández, que se mostró firme y valiente, lo despachó de estocada y tres descabellos.
Abría el cartel el tambien catalán Enrique Guillén, que se ha topado de entrada con un inválido al que nunca pudo bajar la mano porque se venía al suelo. A fuerza de porfiar logró algunos buenos lances con la mano diestra y hubiera podido lograr un trofeo de no haber caído tan baja la espada.
En el cuarto, el de mejor son de la tarde, se lució tanto en las verónicas de recibo como toreando muy bien en redondo. Poco ha podido hacer con la zurda porque el novillo se defendía por aquel pitón. Tras un pinchazo, ha cobrado una estocada entera pero de deficiente colocación, lo que le privó de nuevo de la oreja que parte del público pidió con insistencia.
Actuó en segundo lugar el diestro francés afincado en Salamanca Román Pérez, nuevo en esta plaza, quien se mostró solvente con un novillo salió muy mermado del tercio de varas. El joven espada lo lanceó con pases mandones con la derecha, muy buena la tercera serie. Mató de pinchazo y estocada y saludó desde el tercio.
El quinto se dio un tremendo costalazo de salida al tratar de saltar al callejón y quedó muy mermado. Román Pérez lo intentó, incluso más allá de lo que aconsejaban las pocas fuerzas del animal. Mató de estocada desprendida.