El público que ocupó en una cuarta parte los tendidos de la plaza de toros de Valladolid ovacionó con fuerza a José Miguel Pérez, 'Joselillo', justo antes de que comenzara su faena al tercero de la tarde. Subrayamos este detalle porque fue el más emocionante de una corrida que, en el día en que se festeja al Patrón de los toreros y de Valladolid, podía haber quedado en el recuerdo de los asistentes como una tarde tirando a triste y un festejo sin fuste, en el que los toros de Marca, de desigual presentación y juego, estaban dando al traste con las esperanzas de ver algo de espectáculo.
Reaparecía Julio Aparicio tras su grave percance en Las Ventas y ciertamente se le notó algo limitado y con mucha precaución al menos en su primero, toro terciadito al que recibió de manera muy suave con el capote y que tampoco ayudó mucho al lucimiento del torero. Se vio en aprietos a la hora de matar y la faena quedó silenciada, no así el juego del toro, que escuchó pitos en su arrastre. Salió Aparicio más animado en el cuarto, que tenía algo más de presencia y transmisión y le endilgó algunos muletazos con destellos artísticos en los que se gustó. A pesar de matar de una estocada baja recibió un apéndice.
Juan Bautista volvía a Valladolid después de casi ocho años, y recibió al segundo de la tarde, el más pequeño del encierro, de rodillas, muy precipitado. El toro era sosote y de corta embestida, y el francés lo intentó toreando muy de cerca. Pinchó y le endosó una estocada baja. Silencio para él y pitos para el toro. El quinto tuvo otro aire y embistió mejor, y también lo aprovechó mejor Bautista, aunque sin terminar de redondear la faena. El toro manseaba y fue a menos, y el torero le propinó una estocada trasera. Cortó una oreja.
José Miguel Pérez, 'Joselillo', llegó con ganas a su ciudad y se empleó a fondo, a pesar de dolerse de un golpe en la pierna, consecuencia de su actuación en Madrid el domingo. Los aplausos del público antes de comenzar fueron para él una inyección de moral. Recibió al tercero de la tarde luciéndose con el capote, tanto en el saludo como a la hora de llevarlo al caballo. El toro huía a toriles, pero José le fue metiendo en la muleta, dándole respiro entre tanda y tanda y citando de lejos. Mató defectuosamente y recibió una oreja que no quiso pasear.
Éste enfado le supuso salir más mentalizado si cabe en el último del festejo y de la feria, el toro más grande de la corrida. Nuevamente se lució con variedad en el capote y comenzó la faena de muleta con poderío y ganas, marcando las tandas, dejando descansar al toro y mostrando voluntad, técnica y pundonor. Tras las manoletinas finales mató de un estoconazo y paseó dos orejas entre la calurosa ovación del público.