Desangelada tarde la vivida en la Real Maestranza por culpa de la climatología, con nubes que amenazaban agua constantemente, frío y mucho viento, más típica de invierno que del mes de las flores. El dios Eolo molestó demasiado durante la primera mitad de la tarde con todos los engaños por los aires como si fueran banderas.
Así comenzó el festejo con un Pedro Carrero voluntarioso pero sin poder confiarse ante su primero por culpa de lo reseñado. El madrileño castigó mucho en varas al pupilo del maestro César Rincón, un jabonero que estaba pendiente del flamear de la muleta en cada instante. Con tantas contrariedades no se puede valorar ni al chaval, ni al novillo.
El cuarto apretó en varas en sus dos entradas al piquero, un novillo muy similar en hechuras a sus hermanos, bajo y armónico. Carrero no se entendió con otro buen novillo de Rincón, que metía la cara con bastante claridad y que pedía estar más enfibrado con él. A mitad de su labor le cogió el aire en una aislada tanda con la derecha y cantó, aún más, las claras arrancadas para la galería, lo que hizo que el respetable se decantara a favor del utrero, que fue muy ovacionado en el arrastre. Lo mejor, su estocada.
El gaditano Salvador Barberán manejó con soltura el capote al recibir al segundo de la desalentadora tarde. El astado tenía buenas condiciones embistiendo muy humillado y repitiendo con claridad, una y otra vez, pero Barberán intercaló demasiados enganchones con algún que otro limpio. Brindó al respetable una faena de más a menos, destacando al inicio tirando del torito por abajo con la pierna genuflexa. Eso fue lo mejor de su labor que no terminó de acoplarse con la bondadosa embestida del que abrió su lote.
Un calco del anterior lo realizado por Salvador en el quinto, con demasiados enganchones durante la primera mitad de su faena. Sin embargo, terminó en sentido inverso a la del segundo, de menos a más y con un novillo regalando embestidas por ambos pitones. Hasta que el de Algeciras apostó por relajarse no vio el gran novillo que tenía en frente y entonces desgranó su particular toreo agitanado.
Con buen son corrió la mano al natural dando profundidad y hondura, y dejando ver que es capaz cuando quiere. Lo peor su actitud desairada con demasiada desfachatez al dar dos vueltas al ruedo con tanto descaro, y habrá que recordarle a Barberán que ha tenido material para encumbrase y llevarse cuatro orejas de Sevilla en lugar de sólo una. El trofeo sí que hizo justicia al ganadero por tan magnífica novillada que casi se va con todos los apéndices puestos.
Cumplimos el ecuador de la novillada con la presencia de Calita, un joven mejicano de la escuela de Sevilla. El azteca llegaba al coso del Baratillo con sólo una novillada con los del castoreño y se le vieron formas ante el utrero más complicado hasta el momento, que se quedaba cortito en cada encuentro. Hubo una tanda bien construida con la diestra, pero no pasó de correcto, antes de no estar fino con los aceros.
El sexto era el de mas cuajo pero terminó rajado en tablas y Ernesto Javier porfió con su oponente. Es cierto que esta verde pero también que se llevó el peor lote.