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Fiesta mayor para Morante de Las Ventas

Morante, toreando sobre la mano diestra en Madrid | Foto: PALOMA AGUILAR
MARIO JUÁREZ | Las Ventas (Madrid)
23/05/2008 19:46
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Que Morante es torero distinto nadie lo pone en duda. Que es el más valiente de los artistas ha quedado más que demostrado. Que Madrid ama apasionadamente a Morante, por demás, tanto que Morante es más de Las Ventas que de La Puebla y que el sevillano se vacía en Madrid las más de las veces, también. Hoy fue una de esas. Vivida intensamente. Aire festivo para Morante, al que se esperaba con muchas ganas.

La corrida de Victoriano del Río no tuvo el mismo resultado que las dos extraordinarias de años precedentes. Estaba alto el listón. Aun así, hubo un gran toro, el cuarto. Rematado y con mucho cuajo por fuera, afiladísimas dagas, y fondo muy bravo por dentro. No se terminó de ver. Ese fue el toro al que dio fiesta Morante, y de qué forma.

La corrida enlotó además otro toro de gran clase y son, el sexto. Bello por fuera y muy noble por dentro, aunque muy a menos. Se apagó en demasía y demasiado pronto. Y hasta el primero, con sus cosas, tuvo buen son. Los otros dejaron el listón muy bajo. No así la presentación, fue corrida comida y preparada. No tanto pareja. Entre el hondo y cuajado cuarto y el más agalgado quinto había un abismo. También lo hubo en comportamiento. El temple del cuarto fue todo genio en el quinto.

La primera parte de la corrida fue para borrarla de un plumazo. Flojo y tardo el primero, Morante lo tiró un par de veces en el inicio por bajo. De no cuidarlo ni apostarlo. Un renuncio breve. El segundo se defendió mucho. No podía con su alma y protestó por sistema, a medio viaje siempre, con el cabezazo incómodo en todos los viajes. Ni descolgó ni se empleó una vez. El Juli intentó plantar batalla en varios terrenos y en ninguno respondió el animal. Visto para sentencia, El Juli se dobló en dos muletazos de pitón a pitón antes de reventarlo de una estocada fácil y de excelente colocación.

El tercero, más gordo y atacado que sus dos hermanos juntos, se frenó de salida y quiso irse del caballo. Como el segundo, punteó por sistema la muleta y dejó de pasar en un pis pas. Siempre a la defensiva, no hubo fondo ni fuerza. Abrevió Manzanares con toda lógica.

Cuando asomó el cuajado cuarto, Morante decidió querer. A su estilo, con personalidad, lejos de aquellas faenas antológicas a toros de Pérez Tabernero o de Astolfi. Más teatral, más puesta en escena. Todo en la mano, algo forzado a veces. Morante había puesto la miel en los labios en un quite por delantales jaleado al extremo. Mucho mejor fueron los lances a la verónica, meciendo los brazos y los vuelos, en otro quite. Dos por uno.

Hasta entonces, el toro sólo había hecho cosas de bravo. De emplearse a fondo en dos puyazos bien tratados. De venirse alegre galopando. Quiso el toro y pidió los medios. No se los dio Morante, que mandó contra toda lógica que se lo cerrasen en el burladero del uno. Una decena de capotazos necesitó sin ton ni son. Al final, terminó toreando en los terrenos en que se había fijado el toro de primeras.

Ya cerrado el animal, Morante se puso al lío. Con su firma y toda su entrega. De vaciarse en Madrid. Tras cerrarlo, José Antonio se lo sacó a los medios en ocho muletazos por alto. Ni ligados, sí sentidos y ganando terreno uno a uno. Coronados con un cambio de mano a pies juntos. Un monumento a la pinturería.

Lo cerró el sevillano de nuevo en la raya y ahí fue dibujando y desgranando un trasteo con mucho sello. Se entretuvo en los embroques y los cites, pero firmó una serie en redondo preciosa para abrir boca. Luego, salpicados, dejó muletazos de gran categoría, arrebatados y desgarrados incluso, pero no hubo propiamente dicha una tanda tan completa ni tan rota. Fue cerrando poquito a poco al toro, con pausas para saborear aquello. Sonó un aviso sin haber tomado siquiera la espada de verdad. Todavía quedaba el postre: una serie final al natural, a pies juntos, citando de frente. La mejor torería sevillana. Y el remate a dos manos. Con el segundo aviso en el filo, pinchó Morante. Al segundo recado, una estocada perdiendo la muleta y saliéndose de la suerte. Fiesta compartida y oreja para el torero. Todos a una. Quedó toro.

El zancudo quinto tuvo gatos en la barriga. Protestado de salida, la censura iba más por el torero que por el toro. A El Juli le siguen increpando por sistema. Dibujó el madrileño un bello saludo a la verónica, embraguetado y de manos bajas. Apenas unas palmas. Bregado con maestría, no se le picó. Dos rasguños. Toro crudo, por tanto. Y complicado por su forma de reponer, de andar sin parar y de protestar cuando le pudo El Juli en la muleta.

La faena de Julián fue de figura. De estar dispuesto a todo. Lo citó de largo pero el toro punteó en mucho la muleta. De rápido y constante gazapeo, obligó a El Juli a perderle pasos para meterlo en la canasta. Llegaron entonces los de siempre con el grito de guerra de siempre: "¡Que noooo...!" pero fue que sí, porque El Juli dejó la muleta puesta, echó los vuelos por bajo y le aguantó todo lo malo. Por las dos manos, ligadas todas las tandas. Sin pausa alguna. Pronto y en la mano. Y hasta tiempo para deleitarse en los remates, en los de pecho y las trincheras. Y el remate final, cinco muletazos por bajo cumbres. Intentó El Juli la estocada en la suerte de recibir y no salió la cosa. No pasó el toro y pinchó Juli cuatro veces antes de cobrar la estocada. Se esfumó una obra de tanto poso.

Con casi dos horas bajo una incesante manta de agua, saltó al ruedo el toro de mejor condición de la corrida, por su nobleza y buen son. El pecado: la poca fuerza y raza. Con ese ejemplar se sintió Manzanares torero mayor y firmó los mejores muletazos de toda la tarde: toreando con el alma y el corazón, todo el cuerpo en el embroque. A cámara lenta, baile de cintura como los ángeles. Le faltó continuidad al toro y no hubo tanda redonda, aunque unos monumentales cambios de mano y unos pases de pecho en los que se detuvo el tiempo se jalearon como tales. Se pasó un punto Manzanares de faena, con el toro ya desfondado y rendido. Para colmo, una estocada final. En el hoyo.

FICHA DE LA DECIMOSEXTA DE LA FERIA DE SAN ISIDRO EN MADRID

Las Ventas (Madrid). Viernes 23 de Mayo. 16ª de San Isidro. lleno de 'No Hay Billetes'.

Toros de Victoriano del Río, desigual aunque bien presentada en conjunto. 1º, manejable. 2º y 3º, desrazados. 4º, noble, con clase y fondo, aplaudido en el arrastre. 5º, sin clase. 6º, manejable aunque bajo de raza.

Morante de la Puebla
, silencio tras aviso y oreja tras dos avisos.
El Juli, silencio y palmas tras aviso.
José María Manzanares, silencio y saludos tras aviso.
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