Los ínclitos Julio Martínez y Trinidad López, así como la susodicha Anabel de Sevilla, ya tienen quien les acompañe donde deberían estar: dirigiendo el tráfico o regulando el aparcamiento de la ORA en sus respectivas localidades. Que fichen para el cónclave de impresentables en los palcos a un tipo de aspecto mayor, con bigotito y creo que gafas, que anda suelto por Alicante Harían bien. En un palco presidencial sobran prejuicios y falta afición. Y este sujeto no la tiene. Demostrado ha quedado.
En el toreo, y en todo, hay tardes especiales. La de hoy lo era para Pepín, que hacía su último paseíllo en su segunda casa. El bravo torero murciano siempre lo ha dicho, que la plaza de Alicante era, detrás de su Murcia del alma, la que más le ha hecho disfrutar estos quince años. Con una hoja de servicios intachable: veinte orejas y dos rabos, indulto incluido. Estaba Alicante con él, porque era su fiesta, era su tarde, y así se lo hizo saber con la fortísima ovación que saludó al romper el paseíllo.
No fue nada comparado con la que recogió en los medios de la plaza, montera en la mano izquierda, pegada al corazón, agarrando un puñadito de tierra y blandeando, aún, la última oreja que había conquistado. El palco le había rateado la última. Porque es su potestad y porque quien lo habita no tuvo sensibilidad alguna. Ni criterio, claro. Que ya el año pasado le escamoteó una a El Juli por una faena de perfección superlativa, que aquí nada se olvida.
Todo se había desbordado con la faena de Pepín al bravo cuarto. Uno de los dos toros de altísima nota del desigual encierro de Ricardo Gallardo. El toro tuvo casi de todo. Empujó en el peto hasta casi tirar el caballo al callejón, se vino pronto y siempre al galope a la muleta, la tomó por abajo y hasta el final, repuso queriendo comerse los trastos, no se cansó nunca y cuando Liria le bajó la mano, se templó. Toro de premio gordo, exigente por tanto, pero de fiesta mayor.
Se la dio Pepín, sincero como siempre, templado como nunca. Porque Liria, que había comenzado con una larga cambiada y algunos muletazos de rodillas habituales en su repertorio, quiso templarse con él en las primeras series con la mano diestra. Apostó el torero y respondió el toro. Y Pepín se templó en tres o cuatro tandas en las que lo embarcó por delante, bajó la mano, toreó despacio y gustándose, con mucha ligazón. Mejores a medida que avanzaba el discurso. Un espectáculo.
Se ajustó en una serie al natural y después, como fin de fiesta, tiró de repertorio puro de Pepín, con algún circular, molinetes o pases de pecho. Alicante estaba con el torero, el diestro entregado con el toro y la plaza. Todos a una, como Fuenteovejuna. Hasta la espada cayó bien y efectiva. Un estoconazo para terminar la función. Estalló entonces la plaza, los tendidos y todo el mundo, y el hombrecillo del bigote quiso aguar la fiesta, a su forma.
Cuando aumentaba la petición, asomó por el palco dos pañuelos al unísono. Uno blanco, un trofeo. Y la vuelta al ruedo para el toro, muy justa. Pero se quedó corto con Pepín. Quiso confundir al público para evitar que siguiese aumentando la petición. En Sevilla le hicieron la misma.
¿De verdad costaba tanto tras un esfuerzo tan sincero? ¿Qué le iba a dar a Pepín una oreja más, sino la satisfacción personal de cerrar su currículum con una salida en hombros? Si quieren darle categoría a la plaza, que se supone que es lo que busca el hombrecillo del bigote, que empiece por la mañana en los reconocimientos. Que a él le colaron varios toros de Jandilla o de Marca impropios, incluso para Alicante...
Lejos de la emoción desbordada, la corrida tuvo otro toro de gran fondo, muy bravo: el segundo. El de Fuente Ymbro tuvo un gran pitón derecho, de los de cortijo, y cayó en manos de El Cid. No terminó de reventarlo Manuel Jesús como debiese, fundamentalmente, porque cuando le encontró el sitio y el ritmo habían pasado ya varias series por la mano diestra.
Cuando lo hizo, de sus manos llegaron los mejores muletazos de la tarde. Arrastrando la muleta, llevándolo largo y ligando series de cuatro y cinco pases. Antes, sin tanto mando, el toro había enganchado siempre en los finales. Fue curiosa la reacción del toro cuando El Cid le obligó: mejoró y se templó. Eso sólo lo hacen los toros bravos.
Hubo pases de pecho muy buenos, como carteles de toros, y algún muletazo suelto por la mano izquierda, donde no llegó la ligazón que en las dos series anteriores. Se alargó mucho la faena y quizá por eso costó tanto matar. O porque no se tiró a ello. El pinchazo primero fue malo y la estocada haciendo guardia aún peor. Perdió por tanto la oreja.
Los otros cuatro toros no tuvieron las bondades de éstos. El primero dejó estar y mucho por el pitón derecho, no así por el izquierdo. Liria, algo más frío que otras veces, midió mucho los tiempos y la faena, molestado de forma insistente por el viento de Levante que no paró de soplar en toda su labor. El otro de El Cid, el quinto, un torazo de 600 kilos, se lo llevó por delante en unos muletazos de tanteo, lastimándole el tobillo. Había empujado en el caballo y tenía mucho carbón y casta dentro. Mermado el torero, acabó con él de un bajonazo.
Perera no tuvo opción con su lote. Por broncos, sin clase y complicados. También con mucho motor, pero malas ideas. Venía con el muslo abierto tras la cornada del viernes, pero no se le vio afectado. Seguro y con las ideas frescas, se sobrepuso a un lote sin opciones, tocándolos muy en corto, aguantando parones y arreones al pecho, tratando por activa y pasiva de meterlos en la canasta, aunque no quisieron en ningún momento. Los dos, hermanos, tuvieron comportamiento similar: derrotes por alto, miradas y paradas a destiempo. Un "regalito", vamos.
Pueden aplaudir,pedir y dar a Liria lo que quieran, pero de lo suyo.El 4º toro de la tarde se fué sin torear, sin un buen pase y sí mucha chabacanería y ordinariez en la faena.A mí nadie me ha pagado la entrada. Por tanto, sin dudar de la honradez y bragueta de Liria, bien por el palco.
Sr. Juárez: usted da la talla perfectamente como cronista de cualquiera de las mejores plazas del mundo. Siempre refleja con verdad lo que ha ocurrido en la plaza. Tiene usted un 10, matrícula de honor,desde mi punto de vista, una persona aficionada que vio lo que pasaba en la plaza.
Sé que la segunda oreja es potestad del presidente. Pero está claro que Pepín Liria, para nosotros, es como un torero de la tierra y, caramba, era su último día en la plaza, siemre ha luchado y ha arriesgado en esta plaza, ha indultado aquí no hace muchos años un toro y, por ello, figura en una placa en nuestra plaza... ¿ qué quiere?
Yo veo que este año,algunos presidentes han querido convertir la plaza de Alicante en plaza de primera por la exigencia en la concesión de orejas, pero... los toros de la mayoría de los días ¿han sido de plazas de primera o de tercera regional?
Fuerza,Pepín. En Alicante, para nosotros, es como si hubieras salido por la puerta grande.
Como casi siempre sr Juarez,su cronica taurino sobre lo acontecido hoy en alicante refleja fielmente lo que se ha visto en la plaza,enhorabuena por su trabajo.En un comentario anterior ya dije mi opinion sobre los dos pesimos presidentes que tenemos en esta plaza sres,Aricibita y Ayela que se esfuerzan cada dia por demostrar cual de los dos es mas incompetente.Este año han aprobado toros como la corrida de las Ramblas escogida para Jose Tomas y los Juan Pedros de juzgado de guardia,y en la concesion de trofeos arbitrarios,injustos y sin criterio.Por favor dimitan y no vuelvan mas por el palco
Señor Jurez, usted sabe por casualidad lo que es y significa EL ORBE TAURINO,la impronta que debe dar la plaza de Madrid en el mundo de los toros.El presidente de Madrid, Julio Martinez, preserva con toda dignidad, esa impronta que debe aportar Madrid, y esta a la altura que le corresponde como presidente de esa magnifica plaza, de lo contrario y siempre bajo mi punto de vista, usted, no da la talla como critico taurino de esa misma plaza, no le llega en conocimietos taurinos a la suela de los zapatos.
Sr.Presidente,esta tarde ha querido ser usted el protagonista y lo ha conseguido, se ha llevado una bronca monumental,debería de reflexionar sobre su actitud en el palco con la segunda oreja que con mucha petición se le ha pedido a Pepín Liria y que solo usted ha negado,ahí queda lo realizado por este torerazo y las dos vueltas al ruedo muy merecidas que ha dad.Si un torero realiza algo mal durante la lidia usted le puede multar,y a usted ¿no se le puede multar por provocar al público de esta plaza?que sepa que los protagonistas han de ser los que se juegan la vida y no ustedes, ya basta.
Pepín Liria,en Alicante te valoramos y te queremos.Habríamos querido verte salir hoy por la puerta grande, pero no importa demasiado. te vas dejando una estela de saber hacer, de valentía y de hombre de bien.
Mucha suerte.
Perera, hoy has tenido mala suerte con los toros y,además no estás recuperado del todo. Pero no olvidamos tu faena de hace unos días. Esperamos volver a verte en nuestra plaza.
Pepin Liria, un torero con vergüenza torera, todo un ejemplo para los demás.
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