Miguel Ángel Perera ha obtenido este domingo en Barcelona un triunfo rotundo, paseando un total de tres orejas. La primera le llegó en el tercero de la tarde, un animal que llegó defendiéndose al último tercio, pegando derrotes al principio y más tarde poniéndose andarín. El torero, que fue prendido de forma muy violenta, consiguió templar en algunas tandas de muletazos en redondo, antes de que el animal, que tuvo cierta calidad pero poca fuerza, terminara rajándose.
El extremeño sí que desorejó al que cerró plaza, un animal que más que bueno fue ‘agradecido’ ante el buen hacer del diestro. Perera inició la faena en el tercio con unos estatuarios para realizar una faena excelente, en la que instrumentó muletazos templados, ligados y profundos por uno y por otro pitón. A ello se sumó unos circulares y ya, en el epílogo, cuatro bernardinas y un pase de pecho de pitón a rabo. Mató de un soberbio estoconazo, que hizo rodar al animal patas arriba.
Todo ello, con una corrida de Valdefresno – Fraile Mazas que le ha faltado presencia, y que lo bueno que han desarrollado ha sido gracias a una terna que ha sabido imponerse, estando muy por encima del encierro. Al sexto incluso se le dio una peculiar vuelta al ruedo ya que no hubo el correspondiente pañuelo en el palco y porque además se dio en el sentido de las agujas del reloj. En ningún caso el comportamiento del toro en los primeros tercios le hizo acreedor de este homenaje póstumo.
Manuel Jesús ‘El Cid’ tuvo que abreviar ante el medio inválido que abrió plaza y que en el último tercio, en lugar de pasar, buscaba siempre al diestro, al que llegó a propinar una fuerte voltereta. Lo mató de una entera habilidosa en buen sitio.
El cuarto, blando de manos, embistió rebrincado. Con peligro por el pitón derecho, parándose y mirando, se medio dejó por el izquierdo. Ante él anduvo muy firme El Cid, que lo pinchó dos veces antes de recetar una estocada casi entera.
Completó cartel Sebastián Castella, que firmó una buena actuación ante el segundo, un animal que repetía con una embestida algo pegajosa y distrayéndose a menudo. El francés supo entender al animal, que terminó dejándose. Pudo haber tocado incluso pelo si no hubiese pinchado un par de veces.
El quinto se pegó un testarazo contra la tronera de un burladero al término del segundo tercio, cosa que pareció dejarle conmocionado. Las primeras embestidas fueron bruscas y poco a poco se tornaron extremadamente cortas, revolviéndose incluso en ocasiones. Castella intentó justificarse y a la hora de matar pareció olvidar que para los toros parados existe el recurso del volapié, llegando a sumar hasta cuatro pinchazos.