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Dos faenones de Perera, minimizadas por la espada y por el presidente en Valencia

Miguel Ángel Perera. Foto: ARCHIVO
ALFONSO SANFELÍU | Valencia
22/07/2008 20:00
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Mudo, incrédulo y desolado se quedó, apoyado en la barrera, Miguel Ángel Perera cuando vio cómo se le cerraba la puerta grande valenciana, de una manera tan injusta y tras haber cuajado una gran tarde de toros en la que hizo crujir el coso de la calle Játiva en la quinta de su Feria de Julio.

Hasta la muerte precisamente del quinto de la tarde, salvo el lidiado en tercer lugar que le cupo en suerte también al extremeño, el festejo andaba por los derroteros de acabar en una trifulca -justificada- contra todos los implicados en la organización de la corrida. Y esta vez el público, soberano, el que pasa por taquilla, tenía razón porque el encierro, visto desde el aspecto ganadero que es al fin y al cabo la materia prima sobre la que se sustenta el espectáculo, resultó infumable por comportamiento y por presentación.

Para olvidar y pedir daños y prejuicios, así como responsabilidades, a todos los implicados en esta tarde: a la autoridad por dejar aprobar a las doce de la mañana una corrida de toros compuesta por varios hierros diferentes que debían ser lidiados por una de las ternas estrella del ciclo. A los veterinarios también habría que preguntarles cómo acceden a aprobar, incluso las reses que saltaron al ruedo, ya que hasta la novillada de Santos Alcalde (por poner un ejemplo) fue mucho mejor presentada y con más trapío que alguno de los toros cabezones que han saltado hoy al ruedo de Santiago Domecq, Ana María Bohórquez, Hermanos García Jiménez y el de Lagunajanda corrido en sexto lugar como sobrero.

Astados, en la mayoría de los casos, con cara de chicos además de desiguales de peso y con un trapío muy por debajo de los límites para Valencia. También cabría pedir responsabilidades a los matadores de toros y sus mentores, por propiciar la lidia de estos seis inválidos astados con los que el espectáculo estaba apuntillado y condenado al fracaso desde el principio. Y a la empresa, no lo olvidemos, porque claro está que ella es el nexo de unión y catalizador de todos los intereses que normalmente existen cuando se celebra un festejo de esta categoría.

Pues bien, ante toda esta triste situación, para nada catastrofista y muy grave por estar hablando de Valencia, su Feria de Julio y uno de los ciclos más importantes del calendario, se sobrepuso el diestro extremeño Miguel Ángel Perera y con la espada y la muleta, habló como torero en el ruedo con los dos únicos medio-toros que sirvieron para el espectáculo. Los dos astados los hizo él, hay que dejarlo claro para que no existan equívocos, y por eso y por cómo toreó ante sus dos oponentes además de rematar bien al sexto con una estocada, deberían haberle premiado con el doble trofeo del que cerraba plaza.

Con este sobrero de Lagunajanda, Perera fue dictando una lección sobria, templada y eficaz de cómo ver un toro y aplicar sus conocimientos taurinos en pos de una lidia efectiva que le permitiera desarrollar el toreo artístico del que después fue protagonista. Brusco de salida el toro, manseó y acusó cierta endeblez, por ello le cuidó Perera en el caballo. Y ya con la muleta se lo sacó a los medios alargando la embestida y armando una faena de menos a más con la cumbre de tres tandas ligadas por el pitón derecho que crujieron la plaza, y con las que logró remontar un ambiente y una tarde muy cuesta arriba y hostil. Después se echó la muleta a la zurda, y al natural lo cuajó toreando con la mano baja, empaque en la composición, temple y sentido de los tiempos y las pausas.

Cuando el toro se apagó, por la exigencia de la faena, acortó distancias exprimiendo al máximo la condición del animal y abrochando su obra toreando por bernardinas. Rubricó el trasteo con una estocada entera arriba y aunque el toro tardó en doblar y enfrió al presidente -que no al público-, se le solicitó con fuerza el segundo trofeo.

Aunque antes, con el tercero, de la ganadería de Ana María Bohórquez, también dictó una faena de mucho fondo, técnica y finalmente sentimiento. Este tercer astado tuvo clase pero pecó de falta de fuerzas y por ello el extremeño construyó una faena en la que siempre ayudó al animal para que éste desarrollase lo que tenía de noble. Comenzó su labor pegado a tablas y ganando terreno poco a poco, fue aguantando parones y miradas ocurridos en la primera tanda por el pitón derecho.

A partir de ahí, Perera comenzó a gustarse toreando, dando tiempo, tempo y distancia para sacar muy buenos muletazos por ambos pitones, llenos de temple y brillantez, en una faena -en conjunto- muy artística que caló en los tendidos. Sin embargo, lo que podría haber sido un gran triunfo quedó en silencio tras matar de un infame bajonazo, dilapidando el corte de trofeos.

Julián López El Juli tuvo que soportar durante toda la tarde ser el blanco de las iras de un público muy molesto y enfadado con la presentación y comportamiento de los toros lidiados. El madrileño no tuvo muchas opciones de lucimiento con el primero, por ser inválido y desrazado. Con un público muy en contra, tanto del toro como del torero, Juli dio una lección de responsabilidad y sobreponiéndose a las circunstancias muy adversas estuvo y se mostró muy firme, intentándolo por ambos pitones aún sabiendo que era casi imposible cualquier lucimiento.

El cuarto fue otro toro muy protestado de salida por su invalidez, y de nuevo Juli tuvo que pelear contra el toro, el viento y un respetable a punto de amotinarse contra la presidencia y contra el torero. Con un ambiente hostil que convirtió al diestro en el blanco de todas las iras, poco pudo hacer más que buscar un triunfo a todas luces inexistente.

Completaba el cartel el alicantino José María Manzanares, que estuvo entregado y muy centrado con el flojo segundo, cuajando un trasteo en el que dando la distancia justa logró, por momentos, muletazos de interés aunque carentes de emoción. Con el quinto, también protestado por el público, abrevió Manzanares después de comprobar que realizar el toreo a un toro invalido es una tarea imposible... Vamos que ni Gallito lo podría haber logrado...  

FICHA DE LA QUINTA DE LA FERIA DE JULIO DE VALENCIA

Valencia. Martes 22 de julio. 5ª de Feria. Tres cuartos de plaza.

Dos toros de Santiago Domecq (2º y 5º), dos más de Ana María Bohórquez (3º y 4º) , uno de García Jiménez (1º) y uno más (6º bis) de Lagunajanda. Inválidos, desrazados y deslucidos en conjunto salvo 3º y 6º, con algó más de fuerza y clase.

El Juli, leves pitos y silencio.
José María Manzanares, leves palmas y silencio.
Miguel Ángel Perera, silencio y oreja con fuerte petición de la segunda.
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