Terminó el ciclo de novilladas nocturnas en la plaza de Las Ventas. Y lo hizo por el bien de la exigencia y categoría de la llamada, durante el resto de año, Primera Plaza del Mundo.
Y es que si alguno de los chavales que quieren ser torero y andan sin rumbo por el escalafón inferior pretenden presentarse en Madrid, que apuesten fuerte por hacerlo en estos festejos en los que todo cambia: el presidente se vuelve amable y afable, la presentación de los novillos, aunque correcta, no es la exigente de las novilladas "diurnas" del resto del año, el público es el de "en vez de quedarnos en casa, vamos a los toros", que si hubiera verbena sería el mismo, y al que se unen las legiones de incondicionales traidos en autobuses fletados por ayuntamientos para apoyar a la promesa local que, igual se pegan con algun aficionado que discrepa de la actuación del paisano, como que enloquece con una media pescuecera...
Así las cosas, los novilleros que se anuncian en el próximo certámen de las"Ocho Naciones" lo tendrán mucho más complicado, por el novillo, la exigencia y que alguno no podrá traer a sus "hinchas" enfrascados en pañuelos de sus peñas, ya que algunos son de muy, muy lejos. Si lo que querían era caer de pie en Madrid, se equivocaron de ciclo.
Eso es lo que debió pensar el mexicano Mario Aguilar, ya que los tendidos no eran los de Insurgentes y no debieron ver que si otro compañero triunfó cuantitativamente en trofeos, el verdadero triunfador en cuanto a calidad se refiere en esta final fue el azteca.
Mario dejó los momentos más lucidos de la tarde en el primer novillo, el mejor del festejo a la postre. Templó y llevó las embestidas en el centro del ruedo por ambos pitones con gusto y largura, sobretodo en una tanda de derechazos con gran cadencia y clase. Lástima que al final el animal de viniera un poco abajo y la faena bajara de intensidad en los terrenos donde mejor se encuentra este novillero, las cercanias. Se empeño en terminar ahí y quizá tendría que haber dado algo más de distancias para que el novillo diera todo lo poco que le quedaba.
En su segundo siguió con ese buen concepto de toreo pausado y con temple pero el novillo llegó muy flojo y sin chispa, aunque noble, condicionado por el penoso tercio de varas realizado por Romualdo Almodóvar quien picó en demasía y con mala colocación.
La final tuvo un ganador, Javier Cortés, quien se gana así un puesto en los próximos carteles que organice la empresa Taurodelta para la Feria de Otoño.
Cortés incluso ha rozado la Puerta Grande una vez que le hayan pedido la oreja en su primero, dando una vuelta al ruedo. Fue en ese novillo deslucido y con peligro sordo, donde estuvo firme y entregado el madrileño, y donde consiguió algún natural suelto de estimable ejecución. La decisión a la hora de matar y una estocada que tiró al animal casi sin puntilla hizo que el público "de nocturna" pidiera la oreja.
Con su segundo volvió a estar voluntarioso, aunque le faltó mayor mando con la muleta ante un novillo de Guadaira encastado pero de descompuesta condición. Lo más destacado, una tanda templada por el pitón derecho y una gran estocada. Oreja "de nocturna" a su tesón.
Pablo Lechuga tambien ha paseado ese trofeo del tercero, al que mató de una casi media desprendida y atravesada y también valió para que en estas noches el hoy condescendiente César Gómez le concediera el trofeo. Lo toreó con temple por el pitón derecho aunque sin apreturas, viéndose sorprendido en varios momentos. Por el izquierdo la faena tuvo las mismas características aunque consiguió subir de tono al final. Con el sexto, descastado y que se defendía, no tuvo grandes posibilidades.