Ángel Teruel dejó esta tarde una muy buena tarjeta de presentación en Barcelona, donde ha rozado la puerta grande, aunque sin lograr finalmente abrirla al fallar a espadas ante el sexto. Fue éste un animal sin apenas posibilidades a priori, que derrotaba en la muleta, y al que sin embargo el diestro enseñó prácticamente a embestir en una muy meritoria labor, en la que consiguió finalmente templar la embestida de la res.
Antes, el madrileño había sacado hasta el último muletazo del tercero de la tarde, un animal al que le faltó recorrido, y que rebañaba en sus embestidas. A su trasteo, iniciado con unos torerísimos doblones, le faltó algo de ligazón. Tras una tanda de manoletinas, más de media en muy buen sitio bastó para terminar con la vida de su adversario.
Hay que decir que esta tarde en la Monumental se ha corrido un encierro de San Miguel muy astifino, con más cara que hechuras, aunque en general muy justo de raza, de los que ha sobresalido el primero de la tarde.
La terna la encabezaba Eduardo Gallo, que estuvo muy asentado ante el que abrió plaza, un animal que si bien manseó de salida, terminó rompiendo a embestir, incluso de manera incansable. Tras concluir su labor con unos ayudados por alto, la mala colocación de la espada le impidió tocar pelo.
El cuarto fue un manso que obligó al salmantino a visitar la enfermería. Rajado el toro apenas comenzada la faena, el esfuerzo del torero resultó baldío. Consiguió arrancarle alguna tanda en los terrenos de su querencia, donde el morlaco le arreó uno par de hachazos, el primero de ellos en la axila, y el segundo en el cuello.
Por su parte, Morenito de Aranda, se la jugó exponiendo más de lo necesario ante el segundo de la tarde, en un trasteo en el que el animal demandaba un sitio siempre mayor del que le ofrecía el torero. Llegó a echarse la res antes de que el burgalés se perfilara con la tizona, un arma que manejó de forma muy certera.
Sin apenas posibilidades el quinto, probón, con peligro, defendiéndose, y cortando casi siempre en seco su viaje. No obstante intentó justificarse el torero, que pasaportó al animal de pinchazo y entera caída.