Todos a hombros han salido hoy de la plaza de San Sebastián de los Reyes, en un festejo en el que la manejable y noble condición de los toros de Victoriano del Río, han permitido a los toreros cortar un total de diez orejas, aunque bien es verdad que alguna de ellas un tanto dadivosas.Todos a hombros aunque con distintos argumentos: aplomo y fimeza en El Juli, toreo limpio y estético de El Cid y entrega y voluntad de Picazo.
La corrida de Victoriano del Río, desigualmente presentada y con el trapío muy justito, tuvo fondo de nobleza, aunque en ocasiones en exceso, llegando a rayar en la sosería. De todos destacó el segundo de la tarde, un toro con una excelente calidad, recorrido y transmisión, de nombre Dakar y que fue premiado con la vuelta al ruedo.
Manuel Jesús ‘El Cid' lo vio desde el principio y ya con el capote se gustó en un bello saludo a la verónica. En el caballo el toro empujó pero sin excesivo celo. En la muleta el toro metía bien la cara, humillando y yéndose muy lejos. El Cid comenzó con la derecha ligando muletazos largos, por abajo y rematados con larguísimos pases de pecho marca de la casa. Por el pitón izquierdo la faena mantuvo la intensidad que por momentos subió cuando El Cid remató una serie de naturales muy por abajo. Mató de una buena estocada para asegurarse la puerta grande.
El quinto fue un toro con una gran nobleza y clase pero con las fuerzas muy justas. El animal embestía muy despacio y El Cid supo templarlo con mucha suavidad, aunque más ligero y sin el asiento que mostró con el segundo. Las dos orejas se antojaron un tanto excesivas si sumamos que pinchó en una ocasión antes de dejar una estocada algo desprendida.
El Juli sorteó en primer lugar otro toro noblón y justito de fuerza. Con éste Julián dejó algunas series de mucha importancia. Dosificando al animal comenzó en la media altura para obligarlo después por abajo, rompiéndolo en una serie de naturales antes del arrimón final, con las zapatillas siempre asentadas. Seguridad y aplomo las claves. Estocada volcándose en el morrilo de verdad, para cortar las dos orejas.
Con el soso e incierto cuarto, que pronto se paró, El Juli volvió a dar una gran dimensión. Comenzó la faena con unos estatuarios sin inmutarse, seguro y encajado el de Velilla. Al final terminó entre los pitones, en un arrimón variado, con circulares y muletazos en redondo que llegaron con fuerza a los tendidos. Pinchó y el presidente le concedió una oreja.
El diestro local Gabriel Picazo sorteó el peor lote. El primero no terminó de descolgar y el sexto fue un ejemplar encastado y con genio. El madrileño tiró de ganas y entrega con ambos toros. Muy seguro y centrado estuvo con el primero, que reponía y no le dejaba estar a gusto, pero al que siempre intentó alargar el muletazo para finalmente acabar en terrenos de cercanías valiente y dispuesto.
Algo más carente se mostró con el exigente sexto, aunque la disposición y el valor suplieron con creces la falta de experiencia debido a su corta carrera. El toro con genio quizá requirió algo más de mando y poder. Picazo volvió a acabar entre los pitones para ligar un muletazo con el de pecho sin enmendarse que levantó a sus paisanos de los asientos que, tras una estocada, le pidieron cariñosamente las dos orejas.