Cuando el reloj daba las siete menos cuarto y la corrida alcanzaba su mitad, ya se llevaban tres avisos en el esportón. Sonaron todavía cuatro más, y el palco, generoso en tiempo con Ponce, perdonó un quinto tras más de catorce minutos. Fue corrida de más de dos horas y media, casi interminable, por el fallo a espadas en unas pocas de veces, por la prolongación innecesaria de los trabajos las otras.
Cuando asomaba por la puerta el cuarto mozo de El Torreón, de una corrida bien hecha y con muchos kilos, la gente apenas recordaba detalles. Y entre ellos, la labor de Sebastián Castella con el segundo, un toro no fácil, que embistió como a oleadas -con disparo le dicen los toreros- y al que supo sujetar y con el que supo estar. Seguro, sin mover un milímetro cuando se le metió en el primer cite por el derecho, y cuando el toro adelantaba por ambas manos.
Informal en su embestida, cuando Castella quiso acortar distancias el toro protestó y terminó desarmándole. Pero vuelta al tajo, la plaza vibró con el clásico circular y el remate con el cambiado tan de su repertorio. Se fue baja y mal la espada, y cayó un aviso antes siquiera de cuadrar al toro. Después les ocurriría lo mismo a sus compañeros.
En esa primera parte, Ponce se las vio con un mozo de 615 kilos noble pero sin chispa. Se acabó pronto el toro, que amagó con rajarse pero no se fue. El valenciano realizó una faena técnica, sin emoción. No la puso el toro y tampoco el torero. Al hilo casi siempre, más mecánico que otra cosa, fue de muchos pases, a pasa toro. Y también pausas. La espada se fue atrás y Ponce aguantó sin tomar el descabello, mientras sonaba el primer aviso de los siete que fueron.
Ese primero fue el único cuatreño del envío. El tercero, colorado y muy cuajado y hondo, era cinqueño. Como sus hermanos. Vega se gustó en el saludo de capa, rodilla en tierra, hasta los mismos medios. Fue lo mejor de una faena larga, en la que el toro no puso chispa y el torero tampoco asiento. Sueltos los detalles, no prendió la mecha, ni tampoco la espada. Un pinchazo, una estocada caída y dos descabellos. Y otro aviso, de rigor.
Cambió la cosa con el cuarto, y el público festivo pudo por fin festejar. "Sombrero", que así se llamaba, le puso mucha salsa al guiso. Fue el toro de mejor nota de la corrida, aunque también amagase, como casi todos, con buscar las tablas. Solo que cuando Ponce quiso y le echó la muleta, respondió por abajo, abriéndose y dejando estar; con fijeza, embistiendo hasta el último momento. Mucho mejor por el pitón izquierdo.
Ponce dejó una faena marca de la casa. Con sus pausas y paseos, incluso jaleados. El trabajo fue interminable, más lento que un bolero. Tanto, que el primer aviso sonó cuando el valencia seguía pegando muletazos. Fue limpia la faena, meticulosa, en la media altura casi toda, mejor por el pitón izquierdo, el del toro. Demasiado fuera cuando citó y vació por el derecho, mejor colocado por el izquierdo. Ahí llegaron los mejores momentos, con dos series de buena nota y un cambiado perfecto. Y el público en masa con el valenciano.
De mitad de faena en adelante, Ponce tiró de repertorio de fantasía: muletazos de frente a pies juntos, cambiados, remates por bajo, trincheras. Y más y más. Sólo que al palco el reloj dejó de marcarle las horas, como en el bolero y como a los toreros toda la tarde. Se desató la euforia, dos orejas, mucha fiesta, y una vuelta al ruedo reverenciosa.
Quedaba después el quinto y Castella se animó a torear. Fue toro de buen son pero que duró un suspiro. O tres, porque tres fueron las series de mano baja, arrastrando la muleta, encajado el torero y ligadas que firmó el francés. Las mejores de la corrida. Y a la cuarta... se rajó. No consiguió sujetarlo Castella, que había comenzado por estatuarios en los medios, ligados con un cambiado, el de pecho y el desdén que dieron mecha a la cosa.
La actitud del torero de Béziers desde su encerrona en Nîmes parece haber cambiado. Para mucho mejor. Sebastián se pareció hoy al torero que tenía acostumbrado, y esa es buena noticia. No tanto que la espada no hiciese efecto y que tuviese que emplear un porrón de descabellos. En el límite del tercero cayó el toro.
Cuando asomó el sexto, con casi dos horas y media de corrida, la gente estaba agotada. No le pusieron mucha miga a la historia, con un toro que se dejó pero que, como los otros, terminó rajándose. Amagándose con irse siempre pero quedándose cuando Vega presentó muleta. Desigual y muy irregular la faena. Buenos detalles con la capa y una serie mejor con la diestra, ya al final del todo, cuando se enfadó y quiso más. Con la trinchera por bajo remató su labor de bellos apuntes. Se pidió tímidamente la oreja, pero el palco había sacado ya su pañuelo: cayó el séptimo. Aviso, se entiende.
para mi ponce no tiene nada nuevo.es estatico que no estetico.figura del toreo para algunos engaña bobos para muchos y si no vease su tralletoria.toreo para fuera y muchas orejas al entedientos de los toros pero no a grandes faenas y mucho menos cumbres
Puyazo, teniendo en cuenta lo que vimos ayer en la plaza, no sabes lo que dices: Ponce hizo una faena muy bella. Y hay que admitir que sobre el ruedo transmite un empaque y un señorío como tal vez sólo transmita otro: J. Tomás. Castella toreó bien. Pero por lo menos ayer demostró que no sabe entender al toro que tiene delante. Se empeñó en citar de largo a un toro que no respondía a esa distancia y no dosificó las fuerzas del quinto, con lo cual se quedó si bicho a mitad de faena. Y lo suyo con los aceros es de preocupar. Once descabellos -¡11!- necesitó para pasaportar al animal. Desde los tendidos la gente le gritaba: ¡Así no matas ni a un pollo!. Y eso que el público estaba -estábamos- predispuestos a su favor y con ganas de que tocara pelo. En fin, no vimos nada con el capote en toda la tarde, los picadores hicieron trampas (el segundo de Castella, que acabó dos veces por los suelos por sus propios errores fue lamentable)y los toros fueron un timo.Bracamonte hace un listado de los buenos toreros del momento. Pero la cuestión es que sin toros no hay fiesta. Y los pseudotoros que echan al redondel, son un timo para los que pagamos y mantenemos el cotarro de la fiesta.
La primera vez que vi torear a Castella, me soprendieron primero los andares toreros al hacer el paseillo- en los videos no se aprecia- despues en su primer toro cortó las dos orejas y me emocionó como ningún torero hasta entonces, al final de su segunda faena yo pensaba " me da igual como mates , para mi ya lo has hecho todo" profético, porque perdió las orejas, en plural, por la espada. Al parecer, no lo he visto, hoy ha cuajado dos grandes faenas sin rematarlas al final. Pero yo creo que tus fieles habrán pensado como yo aquel dia: que pena, pero ya nos llevamos la esencia y la emoción puestas a casa. Porque hay momentos impagables, los que tu nos brindas, que valen mas, mucho mas, que dos orejas.
Enrique Ponce, un torero para una crisis. Administra como nadie los escasos fondos de los toros. Los soba y los resoba, los tapa, se tapa él, se la pone a media altura, cambia los terrenos, se vuelve a tapar él, y, entonces,...¡zas!¡Milagro! Los fondos de los toros se multiplican. Poco riesgo y sin ningún interés, Enrique Ponce S.L, el valor sin riesgo. 5% TAE.
Sebastián Castella, torero grande como el que más, pisando siempre la zona caliente, el terreno de la bruma y las dudas, la tierra que no es de nadie, ni del toro ni del torero, solo de los pocos elegidos que osan conquistarla. En ese brumoso y ardiente lugar, oficia su poderoso y sugestivo temple, de forma majestuosa, mi querido torero… ahí es donde emerge la verdad de Sebastián Castella…
“La corrida es un juego, el juego de la muerte, pues de no ser juego, la muerte sería la única verdad posible”… (José Benjamín).En los toros debe haber juego, pero nunca engaño, un buen torero no engaña al toro…lo desengaña…esa es la verdad de Sebastián, un juego de vida y muerte con verdad imaginación y tragedia…un enorme misterio que nos embarga y nos cobija de la vulgaridad mercantilista de los funcionarios de la muerte vestidos de oro. Toreros como él, que lo dan todo, son el renacimiento para mí de la nueva edad de oro del toreo. ¡Que serio hoy mi torerito, de negro y azabache!.musu bat sagutxu.
“Dejar quisiera correr mi verso como capitán su espada, famosa por la mano viril que la blandiera; no por el docto oficio del forjador” (Antonio Machado). Eso es lo que importa, el sello de personalidad y calidad…La revolución autodidacta Belmontina, la torería del Gallo, el poder de Ortega, la inspiración de Pepe Luis, la solemnidad de Romero, la inmolación de Manolete, la sobriedad del Viti, la toroería de Chenel, la quietud de Paco Ojeda, el magisterio de Julián, el cante jondo de Morante, la prodigiosa cabeza de Ponce…el sitio de los elegidos, mis queridos toreros Tomás y Castella, dos brazos que mandan y acarician con poder y ternura, necesarios de verdad en el toreo…el derecho del mandato y el izquierdo del amor y la pasión…la luz del sol y la luz de la luna que iluminan con brillo eterno mis sueños y mis ilusiones toreras.¡Olé castella ¡