El diestro Francisco Rivera Ordóñez salió ayer a hombros en el último festejo de la feria venezolana de Maracaibo en el que se lidió un importante encierro de Juan Bernardo Caicedo, que tuvo como colofón el cuarto, al que pidieron el indulto y le concedieron la vuelta al ruedo.
Ese toro fue a parar a manos de Rivera que no terminó de encontrar la distancia adecuada con el capote y estuvo bullidor en banderillas. La faena la comenzó rodilla en tierra y fue en ese justo momento cuando el público que llenaba la plaza comenzó a hacer 'la ola' en los tendidos, por lo que el torero optó por sentarse en el estribo.
Una vez que pararon, Ordóñez volvió a la cara del toro para firmar sendas series por el pitón derecho y de cara a la galería. El toro era incansable a la hora de embestir y el torero no terminó de cogerle el pulso. A pesar de ello, le concedieron las dos orejas y el rabo.
También tuvo mucha clase el toro que abrió plaza, que hacía el avión, con el que Rivera Ordóñez no se terminó de entender y al que pinchó reiteradamente.
José María Manzanares se quedó a las puertas de salir a hombros y cortó una oreja a su primero, un toro de Caicedo que no terminó de romper a bueno aunque le sacó templadas y armónicas series al natural. Podría haber obtenida otra del mansito sexto, pero lo emborronó con la espada.
Completó cartel Rubén Darío, que intentó no dejar ganarse la pelea ni con el segundo de la tarde, al que cortó un apéndice, como con el quinto, con el que se justificó.