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Una película de Hitchcock con final tranquilo en Valencia

DANIEL HERNANZ | Valencia
10/03/2009 19:27
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La cuarta de Fallas fue una película propia del mismísimo Hitchcock hasta que asomó el quinto novillo. No hubo tregua durante más de una hora y la tensión sólo amainaba en los entreactos.

Los sustos no se hicieron esperar y el primer novillo volteó de salida al debutante Antonio Hernández, que con casi 30 años y sin bagaje alguno entraba en Fallas merced a una de esas 'oportunidades' que brinda Serolo en estas novilladas de feria.

Hernández, hijo de un romántico matador local apodado El Melenas, terminó de la peor forma: sin pegar un muletazo y con un cornalón de miedo. Sucedió cuando comenzaba faena en los medios. Presentó Antonio la muleta a la distancia, el novillo se vino con fuerza y después se venció al llegar al embroque atravesándole a velocidad de crucero.

El 'tabaco' se hizo visible en décimas de segundo tiñiendo de burdeos la blanca taleguilla. Ahí, se impuso la cordura de los banderilleros que le transportaron raudos a la enfermería, conscientes de la gravedad y a pesar de la insistencia de Hernández, gesticulante y romántico como  el padre, por seguir en el ruedo.

La novillada de Hermanos Torres Gallego, hechas las excepciones no demasiado honrosas de los manejables quinto y sexto, fue dura sin terminar de parecerlo, lo que todavía es peor. No lo fue por encastada y combativa sino por lista, mirona, andarina, buscona y defensiva. Esos cuatro primeros animales exigieron oficio, firmeza, agilidad de piernas, decisión en los toques y hasta el otras veces antiestético zapatillazo. Para los novísimos Carlos Durán y Adrián de Torres fue sin duda un trago y a buen seguro que también una sorpresa negativa de parte de una vacada que presume de genealogía agradable.

Carlos Durán se definió como un torero más batallador que estilista. Plantó cara a primero y tercero sin terminar tampoco de domeñar la situación. Adrián de Torres, que resultó volteado sin consecuencias, se empeñó en no salirse de su patrón con segundo y cuarto, dos novillos más de guerrear y doblegarlos que para intentar el toreo fundamental largo, pausado y ligado.

El sexto dejó estar al novillero jienense y ahí sí pudo presentarse al público valenciano como un torero a seguir, dibujando buenos muletazos a diestra y siniestra y componiendo con gusto. Valiente, sereno, relajado.

Pero quien paseó la única oreja del improvisado mano a mano fue Carlos Durán. Oreja amable de un público amable con los toreros como el valenciano. El novillo fue, junto al sexto, artífice de un final tranquilo y semifestivo a una tarde de drama y sobresaltos. Durán, que levantó la faena cuando acortó las distancias, tampoco logró encandilar.

FICHA DE LA CUARTA DE LA FERIA DE FALLAS

Valencia. Martes 10 de marzo. 4ª de Feria. Media plaza.

Novillos de Torres Gallego, correctos de presentación y complicados en conjunto salvo 5º y 6º, manejables aunque bajos de raza.

Antonio Hernández, que debutaba con picadores, herido en su primero.
Carlos Durán, silencio tras aviso en el que mató por Hernández, silencio tras petición y oreja.
Adrián de Torres, que debutaba con picadores, ovación con saludos, saludos y vuelta al ruedo tras petición y aviso.

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