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José Tomás, el toreo sin cuentos en Valencia

DANIEL HERNANZ | Valencia
15/03/2009 19:18
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José Tomás sigue dando trabajo a los historiadores taurinos. Hagan sitio entre la tarde del 5-J en Madrid y la del indulto de Barcelona, o casi antes de esta última. Dedíquenle un par de páginas al menos, una por cada faena y, dentro de ellas, reseñen dos párrafos a ese natural eterno, dando el medio pecho, enganchando adelante y transportando la buena voluntad de ese segundo toro en un trazo más divino que humano.

Reserven también un título destacado a esa serie pluscuamperfecta, reunida, girando talones para ligar seis y siete seguidos con la derecha. Y también denle cancha a ese hundir los riñones sin afectarse ni espatarrarse, a ese deleite que es ver volar la muleta y quebrar la cintura para alargar el muletazo y, por favor, no se olviden la forma de citar al quinto en los medios, que era una obra de arte per se.

Se le puede hacer incluso literatura a la tarde y hablar de lo que tiene de conquista, de poner una pica en Flandes o en la Valencia poncista. No fue Tomás quien buscó esta gresca, a lo sumo apúntenle la de provocar a los programas de vísceras que tanto han dado por saco estas semanas, con el brindis a Camino. Fue la propia plaza quien recordó las filias y fobias, inoportunamente, con alguna voz destemplada y, sobre todo, con la cicatería a la hora se asomar el pañuelo. Una y una y gracias. Más flagrante hubiera sido de consumarse la Puerta Grande de Castella, al que empujaron toda la tarde. Bien el presidente, aguantando el chaparrón en el sexto.

Con José Tomás triunfó Cuvillo, en ese matrimonio que Canorea se empeñó en divorciar. Triunfó el amor, con Valencia de testigo. La corrida de Cuvillo disipó suspicacias por presencia. Fue corrida de toros para Valencia y para casi cualquier plaza de primera. Para Sevilla, incluso demasiado ofensiva. Astifina la corrida, seria delante y justificada detrás. Sólo el estrechito quinto desmereció, pese a salvarlo sus dos puñales.

La de Cuvillo fue buena y variada corrida. Importante. Más para el ganadero, porque el fondo fue la virtud cardinal que unificó al conjunto. Casi todos los toros se emplearon ya de salida y tomaron por abajo el capote, unos desplazándose con generosidad, otros reponiendo y volviéndose antes pero todos oliendo albero. Alguno hincó los pitones y lo pagó con volteretas olímpicas. Sabido es que la entrega en un toro quema gasolina al ritmo de un Ferrari pero a la corrida le faltó un punto de fuerza llevando en el pecado la penitencia de no poder explotar y desarrollar todavía más y mejor. Y eso que a la corrida se la picó poco y menos.

Entre las dos faenas de Tomás es difícil elegir, algo así como quedarse con papá antes que con mamá o a la inversa. Fueron distintas, porque los toros también lo fueron pero el patrón para coser ambas fue el mismo. El del toreo auténtico y sin cuentos. Su primero, que debió salir quinto al correr turno, fue un toro de bella lámina. Un castaño musculado y serio, bonito y proporcionado también, hermano de Idílico. El toro y la faena fueron casi un calco de esa que abrochó el pasado año tomista en Barcelona. Con mucha calidad, alegre y atemperado el tranco, profunda la embestida. Tomás lo cuajó de primeras en los medios. A derechas. Toreó largo, encajado, limpio. Al natural, cumbre, paró los relojes. Pinchó arriba antes de una casi entrera arriba. Mortal.

El quinto, el que brindó a Camino, no fue lo mismo. Descompuesto al principio, moviéndose. Tomás ni se lo pensó. Sin cuentos, se la echó a la izquierda y en una serie le tomó el pulso al toro. Lo tenía. Citó de nuevo a izquierdas, a la distancia. Dando el pecho, adelantando la muleta, atornillado. Toreó como los ángeles al natural, o mejor. Creció el toro y se aclaró. Faena intensa e inmensa. Otro pinchazo y estocada arriba. Y de nuevo el público con el freno de mano echado al caer la primera oreja.

Castella tuvo un primer toro que fue también canela en rama. Embistió humillado, con clase y recorrido (buenos capotazos de Curro Molina). El toro, con fondo también, peinaba la arena con el morro y Castella intentó el toreo fundamental en los medios. A derechas, irregular. Sin cogerle el aire al toro, endeble. Faltó pulso y acierto. Fue a amarrar Castella y se metió entre los pitones viendo que, de tú a tú y en redondo, no podía con el toreo, fresquísimo en la retina, de José Tomás. En cercanías, Castella es capitán general y le funcionó con la plaza muy a favor de obra.

Con el sexto, manejable, la historia se repitió y Castella no prendió con lo esencial. El francés, que tiró de percal y se prodigó con variedad y acierto en quites, quiso pero no pudo. Entre los pitones volvió a izar velas el trasteo cuando parecía desvanecido. La petición del doble trofeo fue poco rigurosa.

Javier Conde, abrecartel, tuvo un lujo de toro. El primero, que fue noble, suavón y flojo. Conde ligó aliviado, ligero. Ceremonioso, cabreó al público. El cuarto tuvo más transmisión, poder también. Pero por derecho, humillando. Conde no se cortó y lo macheteó sin rubor antes de despedirse con una manta de pinchazos curristas.

Ficha de la novena de las Fallas en Valencia

Valencia. Domingo 15 de Marzo. 9ª Feria Fallas. Lleno de "No Hay Billetes"

Toros de Núñez del Cuvillo (2º como sobrero, se corrió turno), bien presentados, serios por delante y astifinos. De buen y variado juego en conjunto, destacando el 1º noble y con calidad aunque flojo. 2º, de gran juego. 3º, de buen juego, enclasado. 5º, de buen juego. 6º, manejable.

Javier Conde
, silencio tras aviso y silencio.
José Tomás, oreja tras aviso y oreja tras aviso.
Sebastián Castella, ovación tras aviso y petición y oreja con petición de la segunda.

 

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