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El Cid se deja ir al (por ahora) toro de la feria

El Cid, en un muletazo al bravo quinto, que embiste con codicia | Foto: CABRERA
MARIO JUÁREZ
26/05/2009 18:42
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Algunos de los usuarios de Burladero se preguntaban hace unos días si cuando llegasen las figuras a Madrid se mantendría el mismo nivel para medir a los toreros. Y la respuesta es bastante simple. Cuando hay toros, el que no torea ni les corta las orejas no tiene perdón. Y si es una figura, más aún. Y si El Cid se dejó ir enterito al que hasta ahora ha sido, y difícil será que lo superen, el toro de la feria. Aquí queda dicho.

Cierto es que los toreros atraviesan baches y etapas. Y El Cid anda en uno prolongado. En Sevilla ya se escapó otro de los toros de la feria, aquél de El Ventorrillo, y hoy se ha ido uno de Cuvillo que apretó en el caballo, tomó el capote con celo y embistió con bravura en la muleta. Y a las figuras hay que pedirles cuajar esos toros y más.

El toro, un precioso jabonero, bien hecho, serio por delante y sin apreturas ni exageraciones, fue un toro bravo. Ese es el toro que se emplea de salida, que aprieta en el caballo y que en la muleta quiere más y más, por abajo, con codicia, entrega, recorrido y emoción. ¿Acaso le faltó algo de eso al toro? Un torero.

El Cid no estuvo, ni en ese ni en el primero, otro toro dulce como toda la corrida de Cuvillo. Si el encierro llega a tener fuerza y fondo, habría sido la corrida del año. Porque nobleza y calidad tuvo tela. Pero faltó el fondo. Como a El Cid, que le faltó el fuelle para apostar, ponerse en lugar de quitarse y salir a flote en una temporada en la que no está respondiendo.

Hubo cosas en la faena, aisladas. Un saludo de capa más templado, con buenos lances por el derecho, y algún natural bueno perdido entre pingüis. Pero faltó el corazón torero que se ha visto a El Cid en las grandes tardes, el de querer, echarla y poder.

Cierto es que el toro, como bravo, no era fácil. No lo era, porque, fundamentalmente, tenía codicia, y eso le hacía repetir una y otra vez, con motor, comiéndose la muleta, y queriendo guerra. Pero dos no pelean si uno no quiere, y en esta ocasión...

A Manuel Jesús le pesó la tarde desde el principio. Y en ese toro, también. Se vio, por ejemplo, en el comienzo de faena. Lejos quedan aquellos cites desde los medios, sin probaturas, tras un brindis.

Aunque la plaza parecía empujar, nunca llegó la serie redonda. La que pone a todos de acuerdo. Enganchones en la primera, queos en la segunda y de nuevo sin limpieza en la tercera. Y en todas ellas, cierto es, algunos muletazos buenos de verdad, más al pasatoro que tirando de él. Pero no con la rotundidad que el bravo pedía.

Cuando cambió a la diestra, la cosa estaba decantada. Y como ocurrió en Sevilla con el toro de El Ventorrillo, bajó a plomo el nivel. Se terminó por hundir una labor que no tuvo remate ni con la espada. Más de quitarse que de echar la moneda.

Tampoco hubo fortuna con el primero, un toro muy protestado de salida, que tuvo más fondo que fuerza. No aguantó los embites y más de una vez fue al suelo. Y más de dos. Unas por su endeblez, otras por los latigazos de un torero sin temple. Pinchazo, bajonazo y a esperar los Victorinos. Puede ser el mejor arma para enderezar una temporada con rumbo torcido.

Tampoco levantaron la tarde El Juli y Perera con dos lotes nobles pero sin raza. Ni fuerza. A la corrida, con clase, le faltó final y transmisión. Y eso en Madrid es requisito indispensable para poner el triunfo en bandeja.

El primero de El Juli, astifino como todos, fue de los de sin gas. El gas en esta ocasión estaba en el tendido, que puso el disco más que rallado del ¡¡Juliaaaaannnn!! Y demás. Sólo que Julián estuvo tranquilo, asentado y seguro con un toro que terminó andarín y sin emplearse.

Al cuarto lo recibió bien de capa. El único negro de la tarde tuvo temple, dejó estar, tuvo fijeza... pero ningún fuelle. Juli trató de llamarlo de largo y darle tiempo, y estuvo correcto en tres series por la diestra, ligadas y por abajo. Fue lo que tuvo el toro, y lo que exprimió El Juli entre las censuras del coro de siempre.

El Cuvillo ya no quiso por la izquierda. Dejaba estar, pero le costaba un mundo llegar al embroque cuando citaba dándole media distancia. Sin repetir una vez, ya fue de uno en uno, y con sacacorchos. Faena breve, una estocada trasera y adiós.

Perera volvía a Madrid tras el triunfo y dolor de Otoño. Y no fueron capaces de sacarlo a saludar. Un tímido intento de ovación pero nada más. Hasta en eso Madrid ha perdido su denominación. El tercero, el menos toro del encierro, por estrecho, altón y suelto de carnes, fue protestado. Tuvo clase, más no fondo.

Perera se puso a torear como si tal cosa. Bien colocado, en el sitio, dándole tiempo y espacio. Llevándolo por abajo, con mimo. Y con poder, sólo que no había enemigo a batir. No se aburrió.

El sexto, el más cuajado y serio de la corrida, duró media serie. Brindó al público y a El Fundi su faena y el toro se desinfló como un globo pinchado en cuanto le exigió el extremeño. Hubo muletazos sueltos, de los del sacacorchos, y una serie al natural ligada con el de pecho que subió un poquito más. Tanto, que se pasó de faena.

FICHA DE LA DECIMOTERCERA DE LA FERIA DE SAN ISIDRO

Madrid. Martes 19 de mayo. 13ª de Feria. Lleno de 'no hay billetes'.

Toros de Núñez del Cuvillo. 1º correcto de presentación , manejabe aunque justo de fuerzas. 2º noble pero justo de fuerzas. 3º terciado, noble y sin fuerza, bajo de raza. 4º noble pero bajo de raza. 5º bravo y de buen juego. 6º desrazado y a menos.

El Juli, silencio  y silencio.
El Cid, silencio y palmas.
Miguel Ángel Perera, palmas y silencio tras aviso.

El Alcalareño
se desmonteró tras parear al quinto.
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