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Pinar, a hombros de sus ganas y dos grandes 'Alcurrucenes'

Rubén Pinar, toreando al natural, hoy en Las Ventas | Foto: IVÁN DE ANDRÉS
BURLADERO.COM | Las Ventas (Madrid)
07/06/2009 19:00
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La buena corrida de Alcurrucén que lidiaron los hermanos Lozano en el cierre de la maratoniana feria de Madrid puso en órbita a otro torero. Vieja tradición la de los ‘Núñez' de la Sagra. Aparicio, José Tomás o El Juli son sólo algunos de los que se ‘destaparon' con toros de tanta personalidad. A ellos se sumó hoy la foto de Rubén Pinar, que llegó, soportó a los desagradables de siempre y venció con dos armas: la entrega absoluta y el toreo por bajo.

En sus manos cayeron los dos mejores de una corrida que dio muchos más toros. El mismo que abrió plaza, remangado de cuerna, fue un toro muy noble. Con sus cinco y casi seis años cumplidos. Repitió con nobleza y buen son el toro, con un pequeño defecto. Llegaba y la tomaba por abajo, no terminaba de humillar a la salida del muletazo. Con todo, contó el toro.

El cuarto, un toro más alto de agujas tuvo comportamiento mutante. De mansear y salirse suelto de primeras, apretar en banderillas, querer de inicio con la muleta e indisponerse después. Toro encastado, no fácil, muy condicionado por el viento.

Con los dos se metió en vereda Ferrera, pero a Antonio lo tienen de chivo expiatorio en Madrid. No lo quieren los impertinentes y la sombra, tan muda, se contagia sine die. Ferrera expuso con los dos toros en banderillas, llegándoles, dejándose ver y apurando. El tercio del cuarto fue de nota superior, de los que más haya arriesgado el extremeño.

Con la muleta, la lidia de los dos toros estuvo condicionada por el viento y las corrientes que no pararon de soplar. Con ambos pareció querer Ferrera pero no llegaron las soluciones. Al primero lo lució dándole sitio y llevándolo largo. Quizá algo acelerado, demasiado forzado. No hubo acuerdo con el toro y llegó el desacuerdo con la parroquia.

Con el cuarto, de más gasolina, Ferrera planteó la pelea en las rayas. El toro respondió mejor por dentro -había manseado antes- y entre unas cosas y otras, se convirtió en un si pero no. Por cierto, que Ferrera volvía a Madrid tras la cornada de San Isidro y no le dieron ni unas palmas.

El lote de Tejela tuvo de todo. Un segundo, colorado, al que lidiaron peor que en capea alcarreña. Después de tropecientos capotazos, sin orden alguno, no se acopló Tejela con él. O no se animó a tirar la moneda. El toro reponía cuando sentía al torero encima, y Matías no abrió espacios casi nunca. De ahogarlo más que torearlo. El toro acabó acortando distancias y la faena se perdió en el limbo.

El quinto fue toro muy exigente. Por encastado. Tenía fondo el de Alcurrucén pero no era nada fácil. De salida enganchó telas y lo fue acusando a medida que pasaron los minutos. Algo incierto, cuando el toro atacaba lo hacía con todo, no siempre queriendo tomarla. Mejor el segundo que el primer muletazo. Tenía transmisión el animal y eso, en Madrid, es arma para llegar arriba. Tampoco se decidió con él Tejela, sombra del torero que vio Madrid hace solo un par de semanas. Lo mejor fue la estocada. En lo alto y sin puntilla.

Los dos de Rubén Pinar, triunfador de la corrida y último de la feria, fueron buenos toros. Con hechuras cortadas para embestir. El cuello del tercero lo hizo descolgar desde que salió. Y no paró de humillar hasta que lo arrastraron sin una oreja. Viniéndose de largo y yéndose hasta el final.

Hasta el final lo llevó siempre Rubén Pinar, de quien destacaron sus ganas, raza y nervios templados para hacer lo que tenía en mente ignorando las censuras de los que quisieron medirle como una figura que no es.

Pinar ligó las series con tesón, siempre el toro en la mano, casi siempre por fuera también. Sin perder pasos, la faena llegó rápido al tendido, y una estocada atracándose de toro, delantera, lo tumbó patas arriba y puso en sus manos la primera oreja de las dos que iba a pasear.

Con la puerta entreabierta, Rubén salió a por todas con el sexto, un toro cuajado y hondo de mucha nobleza. Más encajado el albaceteño, Pinar se gustó en varias series en redondo ligadas, de mano baja y con los toques precisos. Ni en ésta ni en la otra faena hubo apenas un enganchón.

Y entonces los reventadores hicieron acto de presencia con todo el coro. Incluso con un ‘¡Juliaaaaan!' que no venía a cuento. Y esa intransigencia despertó a la sombra, que se puso de parte del torero y ya no hubo marcha atrás. Cierre con estocada atracándose y muerte de bravo del Alcurrucén. Euforia desmedida, mayoría aplastante, oreja y Puerta Grande. Otra más a costa de los ‘Núñez'.

FICHA DE LA ÚLTIMA DE LA FERIA ANIVERSARIO EN MADRID

Las Ventas (Madrid). Domingo 7 de Junio. 6ª Feria Aniversario. Lleno.

Toros de Alcurrucén, correctos de presentación en conjunto. 1º bien presentado y con transmisión. 2º manejable. 3º, manejable. 4º y 5º encastado y complicado.  6º, manejable.

Antonio Ferrera, división de opiniones y silencio.
Matías Tejela, silencio y silencio.
Rubén Pinar, oreja en ambos.

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