Luis Francisco Esplá no se merecía despedirse de su plaza de Alicante de esta forma. No es justo. Madrid y Alicante son, con diferencia, sus dos grandes plazas. Y si en la primera vivió un adiós dorado, en su tierra se ha estrellado con un infumable y doloroso encierro de La Campana. Seis toros podridos por dentro, vacíos de casta y bravura.
Llegados a este punto de la feria, uno ya ni uno soñaba que le saliese un toro que fuese la mitad de Beato, ese Victoriano del Río con el que el alicantino realizó una preciosa y emotiva faena en Las Ventas. Pero tampoco esto. La corrida de La Campana se sitúa en el ranking de una de las peores de toda la temporada. Menudo sopor, menudo aburrimiento.
Y eso que los seis toros que el apoderado de Morante envió a Alicante han sido los de más cuajo de lo que llevamos de Hogueras. Pero se lidiaron cinco toros descastados, desrazados, mansos y rozando la invalidez. Tampoco fue mejor el 'juampedrito' que Juan Pedro se debió dejar olvidado en los corrales. Un ejemplar que tenía más de becerro que de novillo. Infumable por todas partes.
Lamentablemente, en esta despedida de Esplá tampoco respondió la gente como debía. Porque se esperaba un lleno para decir adiós a un maestro de la Tauromaquia, de los que ya apenas quedan. Que ha llevado el nombre de Alicante por toda España y Francia a lo largo de treinta y tres años. Pero sólo hubo tres cuartos de plaza. Los que sí acudieron, le brindaron un emocionante homenaje. Primero, al romperse el paseíllo, en una sentida ovación. Más fuerte fue la segunda cuando, en los medios de la plaza, Esplá dijo adiós a su gente. Le pidieron que diera su última vuelta al ruedo. Pero Esplá fue torero hasta en eso.
Lo que ocurrió con sus dos toros tiene poco o nada que contar. Su primero se derrumbó en el primer muletazo y el cuarto estaba falto de casta y de fuerzas. Con los dos se justificó, puso más incluso que lo que tenían los 'Campaneros' e incluso estuvo a punto de caer herido cuando, en un par por los adentros, se resbaló delante de la cara del animal. Afortunadamente, el toro también cayó derrumbado. Cosas de la falta de fuerzas.
En una tarde tan aburrida, tan sólo Morante consiguió despertar a la gente del letargo. Fue en su recibo al quinto, en un precioso ramillete de verónicas muy buenas, muy templadas. Con el mentón encajado en el pecho. Intentando ganar el terreno al de la Campana, que ya dio muestras de que no quería embestir. Y así fue. Con la muleta lo intentó por activa y pasiva el sevillano, pero fue imposible. Algo similar le ocurrió con el primero de su lote, vacío de contenido.
Tampoco le fue mejor a Sebastián Castella. El titular fue devuelto por su invalidez y en su lugar salió el 'juampedrito', que con ese cuajo parecía sacado de una novillada sin picadores. Al igual que los 'campaneros', estaba ausente de casta y con las fuerzas muy justa. Castella lo intentó a media altura antes de irse a las cercanías de los pitones. Sin decir nada por la poca presencia del torito. El sexto se acobardó, por más que intentó sacarle faena.