Enrique Ponce, Antonio Ferrera y El Juli han salido a hombros en la corrida de ocho toros que ha cerrado la Feria de Badajoz. Lo más redondo de la tarde ha llevado la firma de un magistral Enrique Ponce que ha formado un alboroto en el descuento de su faena al quinto cuando, después de coger la espada resignado, comprobó el cambio a mejor del toro para cuajarlo a placer en muletazos bellos, templados y acompasados.
Antes el toro se había puesto molesto por la falta de fuerza, gazapeando e icomodando al torero que desistió tras un derrumbe final. Lo que vino después pareció sorprender incluso al propio matador que disfrutó en la cara del toro e inició una nueva faena radicalmente opuesta en lucimiento y eco. Llegó un aviso toreando y Ponce agarró el triunfo con la espada.
En su primero, Ponce dejó una faena compuesta y correcta a un buen toro de Daniel Ruiz, un animal al que el de Chiva hizo durar sin obligarlo en series cortas, sin bajar la mano y vaciando las embestidas por arriba correspondiendo el toro que fue un carretón. Se pidió el indulto al final y, en este caso, Ponce no se dio coba y cogió la espada al tiempo que el animal cantó la gallina mirando tablas.
El Juli completó, sin toros, una tarde acorde con su categoría de figura del toreo. El primero del lote, un toro de los más chicos del desigual encierro de Daniel Ruiz, salió con pies repitiendo con enrazada movilidad. Con las fuerzas justas también. Después, y pese a la buena lidia recibida, Julián se quedó sin toro a las primeras de cambio. Muy enfibrado el torero, se montó literalmente encima pasando al toro sobre su eje, entre los pitones, en una demostración de ambición y autoridad.
Al séptimo, de nuevo Julián con las mismas bases de firmeza y capacidad trató de hacerlo romper hacia delante, sin éxito, en la muleta. Otra vez muy por encima Juli del bruto toro de Daniel Ruiz, paseó la oreja que le abría la Puerta Grande y hacía justicia a su seria actuación en conjunto.
Antonio Ferrera cortó tres orejas en su segundo paseíllo en esta Feria de San Juan. La primera la paseó de un animal enrazado, poco picado y que se vino arriba tras un efectista tercio de banderillas del extremeño. Firme Ferrera con la muleta, encajó los golpes con suficiencia sobre la mano derecha. Por la izquierda acortó más el toro y Ferrera terminó en cercanías rebañando embestidas.
El sexto fue un toro bueno que terminó a menos pero que permitió el espectáculo de Ferrera con capote y banderillas, donde puso hasta cuatro pares pese a la negativa del palco. Con la muleta, Ferrera ligó populista en tanto que el toro repitió con franqueza y transmisión. Cuando bajó el ritmo el animal, Ferrera acabó con él más cerrado en tablas para cortar las dos orejas que el presidente se resistió a conceder.
Cayetano no tuvo toros de triunfo pero sí para estar de otra forma con ellos. Cortó la oreja del último toro de la tarde, un animal deslucido y de poca clase con el que sólo prendió al final con el toreo accesorio en los terrenos de sol. Con el primero de su lote, manejable aunque bajo de raza, anduvo muy desdibujado.