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Burgos is different

Perera, a hombros | Foto: tauroburgos.com
MARIO JUÁREZ | Burgos
29/06/2009 20:14
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Zalduendo lidió una corrida impropia en Burgos. Bueno, media corrida, porque de ocho toros que presentó tan sólo cuatro pasaron el reconocimiento, con manga anchísima claro, porque toros, toros, lo que se dice toros, no lo aparentaron. De los cuatro, uno fue devuelto. Y pudo acompañarle el que abrió plaza, un ejemplar de ínfima presencia que se pegó un volatín en el saludo de capa y que renqueó toda su lidia.

Así las cosas, se lidiaron tres y tres. Tres anunciados y tres de Martín Lorca, empresario de la plaza. Y entre los de uno y el otro, la que cosa es que no rompió ninguno que pareciese bravo. No lo hizo ese que abrió plaza, que estuvo más tratando de sujetarse que de embestir.

Tuvo nobleza el tercero, con un buen pitón izquierdo y la emoción justa que da la falta de casta. Y no tuvo nada el cuarto, un animal muerto en vida, que ni cuando Ponce le citaba con voz y tela respondía a nada.

El primero de los de Martín Lorca se lidió en segundo turno al correrlo Miguel Ángel Perera. El toro no tenía mucha fuerza y no tuvo clase alguna. Metiéndose por dentro, frenándose y más a la defensiva que con ganas de acometer, no fue plato de gusto para estar delante. El sobrero se jugó en quinto turno. Un precioso castaño, gacho, cuesta arriba y que apretó en el caballo pero se vino abajo en la muleta.

Enrique Ponce apenas pudo decir nada con su lote. Con el primero hizo de enfermero, tratando de mantenerlo en pie sin que se derrumbase en muletazos sueltos a media altura. Sin apretar ni comprometerse. Lo mejor fue una estocada efectiva y tal vez por eso, o porque era el día de San Pedro, o porque Burgos is different, le pidieron la oreja para una faena que no pudo ser.

Sí que la paseó del cuarto, el toro moribundo con el que no pudo decir nada. El de Zalduendo daba más compasión que miedo. Ponce se puso y desplegó toda la artillería técnica posible para sacar agua de un pozo seco. No tuvo emoción la faena porque no la tenía el animal, ni pudo tener intensidad porque con semejante simulacro de bravo era imposible.

Lo intentó por activa y por pasiva y conectó con el tendido en los adornos finales. Lo más jaleado fue un kikirikí y un abaniqueo. Eso da la prueba de lo que fue el toro al que Ponce se sobrepuso. Pinchó y dejó una buena estocada, y le pidieron la oreja.

Perera vino a matar una de Zalduendo y terminó estoqueando dos de Martín Lorca. El remiendo jugado en segundo turno no lo puso fácil. Quedándose por abajo y metiéndose, Perera tuvo que tirar de raza y aplomo para obligarle a embestir cada vez con menos defensa, pero como también le fallaban las fuerzas, siguió protestando. Lo metió en la canasta con la mano diestra y terminó muy por encima de él. La estocada caída pero efectiva y la actitud pusieron en sus manos una oreja de Burgos.

El sobrero quinto tampoco fue muy allá. Con las fuerzas justas y más de un trompicón, terminó imponiéndose el extremeño en una labor de paciencia y tiempo. Había quitado Perera por tafalleras y le dio sitio, tiempo y aire al de Lorca para aprovechar las contadas arrancadas de un ejemplar remiso a embestir y que cuando lo hacía apretaba con disparo y terminó buscando los chiqueros para morir. Se terminó imponiendo el extremeño y casi avasallándolo. Se pidió la oreja y el palco, que tan generoso estuvo, se pudo estupendo. Tuvo que rectificar cuando ya estaban arrastrando el toro. Burgos is different.

El local Morenito de Aranda fue el único que contó con un toro medianamente potable. El tercero tuvo buen aire por el pitón izquierdo, lo que suplió, en parte, su falta de raza. Por ese pitón llegaron los mejores momentos de Jesús Martínez, que lo aprovechó llevándolo con temple y sitio, despacio, aprovechando la inercia del viaje para ligar los muletazos.

Seguro el burgalés, mató de un espadazo, aunque el toro tardó en caer y la cosa se atascó con el descabello. Pero daba igual, Burgos es así y aún sin petición suficiente, el palco de la manga ancha con los Zalduendo le concedió un trofeo. 

El sexto fue un buen toro. El mejor de toda la corrida. Noble y con clase, lo aprovechó Morenito de Aranda desde el saludo de capa. Sin apenas picar, lo dejó todo para la muleta, y por ambos pitones cuajó series de buen trazo el burgalés. Echándola y vaciándole las embestidas con temple y mimo. Sólo que la espada se le volvió a atravesar. Una estocada haciendo guardia y una docena de descabellos dejaron un triunfo seguro en nada. Pero lo hecho queda ahí. 

FICHA DE LA SEGUNDA DE LA FERIA DE BURGOS

Burgos. Lunes 29 de Junio. 2ª de Feria. Más de tres cuartos de plaza.

Tres toros de Zalduendo, anovillados y sospechosos de pitones y tres de Martín Lorca (quinto como sobrero al correrse turno en segundo lugar), correctos de presentación. Flojos, descastados y deslucidos en conjunto.

Enrique Ponce, silencio tras petición y oreja.
Miguel Ángel Perera, oreja y oreja tras aviso.
Morenito de Aranda, oreja tras aviso y silencio tras aviso.

Durante la suerte de varas al segundo toro, el picador Francisco Doblado ha sufrido una caída y ha sido atendido de un traumatismo en la cara posterior de la pierna izquierda a nivel del muslo con probable lesión del biceps crural que precisa estudio radiológico. Trasladado a urgencias.
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