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Otro golpe del mejor Castella

MARIO JUÁREZ | Pamplona
09/07/2009 18:09
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La corrida de El Ventorrillo que tan veloz corrió el encierro mañanero se acabó en esa carrera. Cuesta creer que los toros de Fidel San Román, tan bien comidos y armados, durasen menos que nada. Un suspiro. No tuvo mal aire en general, pero las fuerzas y, sobre todo, la raza al límite, dan que pensar si en este caso la carrera fue positiva.

Abrió plaza un toro colorado de seiscientos kilos que se metió por el pitón derecho de salida. Tanto lo hizo, que en un cite por fuera y a destiempo se llevó a El Cid por delante. Había salido con más ganas que temple en el saludo de capote y ahí recibió el primer aviso. El segundo llegó en el segundo embroque. Fue aviso y cornada en la ingle. Fea la caída y más fea la voltereta posterior. Quiso seguir El Cid, pero estaba herido.

Fuera el más veterano, la corrida quedó en un mano a mano. Castella se hizo cargo de ese toro, que se vino pronto abajo y que despachó con seguridad. Esa seguridad, el aplomo y la cabeza fresca iban a ser las bazas de un Castella en buen son. Recuperado del bajón anímico de hace un par de años, Sebastián ha recuperado frescura.

Con el tercero abrió el marcador en una faena de torero seguro. Tenía mucha leña el tercero y se descaró con él Sebastián, en las distancias largas primero, montándose encima cuando se vino abajo. Fue bueno ese tercero, uno de los que más contó de la corrida. Le hizo de todo Castella, por abajo casi siempre cuando le cogió el punto, por arriba apenas algún remate. Buenos los ayudados y cierres finales. No los circulares, sí los cambiados y toreo a pies juntos.

Todavía mejor fue la faena al quinto, otro de los toros buenos pero justos de fuelle. Sin embargo, Castella pinchó y perdió un triunfo importante. El inicio fue clamoroso, con varios cambiados por la espalda en un duro, del desdén, trincherillas y los de pecho. A revientacalderas la plaza, incluso las peñas, que aquí vuelven de la merienda en ese turno.

Pisó terrenos y llevó siempre metido al toro en la muleta. Con seguridad y gobierno, las cosas muy claras. Y cuando no había más, se quiso montar encima, pero el toro protestó. La gente vivió la faena con frialdad, cosas de Pamplona. Pero terminó por entrar en dos series de redondos por abajo, ligadas y con aplomo. Ahí fue sí o sí. Pero la espada fue que no.

Manzanares sorteó otro lote dispar, pero con opciones. Sólo que el alicantino fue la otra cara de la moneda. El sí pero no. Demasiado conformismo en una plaza como Pamplona. Esperaba el burraco segundo, pero después tomaba la muleta con buen tranco. El cuarto no contó porque se echó en la primera serie y casi hubo que apuntillarlo. Y contó y mucho el sexto, el toro de mejor aire de la corrida, el que más metió la cara. También justo de fuelle. Como el torero.

Las que contaron de Manzanares fueron dos faenas largas, de denso metraje pero demasiado livianas. Series de tres y cuatro que no terminaban de prender la mecha. Por fuera muchas. Con muletazos al natural soberbios pero sueltos. Otros tantos al tran tran del toro. Seguridad o oficio, pero faltó ambición para prender la mecha.

FICHA DE LA QUINTA DE LA FERIA DE SAN FERMÍN EN PAMPLONA

Pamplona. Miércoles 9 de Julio. 5ª de San Fermín. Lleno.

Toros de El Ventorrillo, desiguales aunque bien presentados. Manejables en conjunto, aunque de poca raza. Más transmisión el 3º, bueno el 2º, el mejor fue el sexto.

El Cid, cogido por el primero.
Sebastián Castella, silencio, oreja y saludos tras dos avisos.
José María Manzanares, silencio tras aviso, silencio y silencio.

El Cid fue operado de "cornada con dos trayectorias, una superficial y otra ascendente, en la cara anterior del muslo izquierdo con trayectoria de 10 centímetros, que afecta tejidos musculares. Otra que le atraviesa el escroto". Pronóstico menos grave. Trasladado al Hospital Virgen del Camino.
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