El Cordobés y El Fandi han salido a hombros en la corrida de toros celebrada esta tarde en la Monumental de Barcelona con cerca de la mitad del aforo cubierto y después de cortar ambos una oreja de cada toro de sus respectivos lotes de una noble corrida de Garcigrande en líneas generales.
El Cordobés paseó la primera oreja de la tarde al toro de Domingo Hernández que abrió plaza. Un animal manejable al que le faltó humillar y romper hacia delante y con el que el diestro argandeño evidenció voluntad y ganas de agradar a las casi nueve mil personas que fueron a los toros hoy en Barcelona.
Metió a la gente en la faena Manuel Díaz, hincó las rodillas en la arena en varios pasajes y cerró por manoletinas antes de dejar una entera caída que precedió a la petición de oreja.
La oreja del cuarto fue más meritoria. Un toro de Garcigrande que pareció presentar un posible problema de visión y al que Manuel lanceó decidido con el capote para, ya con la muleta, imponerse entre los pitones concluyendo más tremendista y llegando al público. Mató de buena estocada.
El Fandi paseó también otro apéndice del tercero con el hierro de Garcigrande. Lo recibió con larga cambiada de rodillas y destacó un par a la moviola además de otro por los adentros con el que cerró el tercio de banderillas. Con la muleta, toreó templado David en una faena que bajó el tono al final al irse quedando sin toro. Remató de una buena estocada.
Al sexto le cortó la oreja que le abría la Puerta Grande completando una actuación donde puso voluntad el torero, banderilleó espectacular y mantuvo el interés en la muleta llegando el público a pedir el doble trofeo para el granadino.
Rivera Ordóñez cortó una oreja al segundo, un animal también manejable aunque sin mucha clase. El madrileño completó una actuación variada con capote, banderillas y muleta, logrando en la faena pasajes templados aprovechando la movilidad y repetición del toro en una labor que alternó momentos más limpios y lucidos con algunos enganchones provocados por los tornillazos del toro. Remató de un pinchazo y más de media estocada.
Con el quinto no pasó de discreto, demasiado despegado y sin apenas comprometerse pese a saludar una ovación tras petición de oreja.