A pesar de que la Real Plaza registró la mejor entrada hasta ahora, con tres cuartos del aforo, lo habitual en esta corrida del arte del rejoneo hubiera sido un lleno como en años anteriores, lo que deja claro que la crisis se vuelve a dejar notar. Sin embargo, la noche vuelve a dejar claro que Hermoso y Ventura hacen un gran bien al rejoneo con su abierta competencia por ser el rey de los ruedos.
Estos casi ‘mano a mano' como tan bien definió mi compañero Carlos Crespo, dan alegría a la tan necesitada Fiesta independientemente de quien se lleve el gato al agua en cada tarde-noche, aunque esta vez empataron. La pena es que todo sería de mayor competencia si entra en liza Leonardo Hernández, pero claro está, que para eso Pablo tendría que abrir cartel, algo que es impensable. ¡Permitidme esta sugerencia, por favor!
El navarro montó de salida a Dalí, dando una lección de cómo parar y fijar a un toro en los medios. Magistral en este primer y único rejón de castigo dosificando de esta forma al segundo de la noche. Con Chenel, al principio el caballo no quería ajustes con el astado, sin embargo una vez desmentido el jaco formó un lío a dos pistas además de reunir arriba con los palos. Ícaro atacó con los mordiscos, en la continuación de banderillas.Pablo dejó ver su gran capacidad ante un toro manejable, que de no pinchar antes del rejonazo hubiera cortado los dos apéndices.
Al quinto lo paró con Estella, acertando en un solo rejón a otro que estaba cortito de poder. Caviar chispeó en giros y con Silveti arriesgó en cercanías. Con ambos cabalgaduras realizó un destacado tercio de banderillas en el que siempre se fue de frente dando los pechos y apiñando arriba. Hermoso se vació, poniéndolo todo por triunfar ante un toro sosote, al que mató de forma espectacular pero muy trasero. Antes también relució con Pirata en las cortas, pero el premio de las dos fue algo excesivo.
Con menos transmisión pisó el albero el tercero de Bohórquez, lo que demostró en el tercio de salida. Diego lo arropó a la grupa de Muleta dejando un solo rejón como sus compañeros de cartel por no estar sobrado de fuerzas. Con Nazarí y Cheque, estuvo valiente, conjuntamente de muy brillante con las banderillas. Se lo dejó llegar a escasos centímetros e incluso topó el toro en alguna ocasión por lo comprometido de su actuación. Realizó un rejoneo sin concesiones, puro y poniendo todo el hispano-luso ante un toro mansito pero que sirvió en manos de Ventura. Mató de certero rejón, montando a Visir, a un astado que le faltó ritmo en toda su lidia.
Con Girasol recibió al sexto que tampoco iba a desentonar de fuerzas con los demás, por que también se llevó un rejón. Manzanares encandiló a dos pistas metiéndose casi sin espacio por dentro, pero con Distinto llegó le lío -caballo de gran valor- y como su propio nombre indica es distinto a otros, con quiebros a muy pocos metros, prácticamente sin tiempo para darlos. Impresionante, caballo y caballero. Morante dio sus caracteríticos bocados. Resumiendo un Diego Ventura que no se deja ganar la pelea, mezclando un rejoneo valiente y espectacular además de clásico. Mató de forma pícara a un toro manejable y algo parado.
Pero claro si Pablo se llevó dos, a Diego el presidente no se las podía negar. ¡Al menos esta vez hubo igualdad en el palco! ¿Será que no estaba la señora Alonso?
Fermín abrió con la jaca Sorpresa y realmente fue una ingrata sorpresa la actitud del primer astado. Saltó desinhibido, parado y con todo lo malo de un descastado que no quería pelea. Se emplazó en los medios, pasando del caballero en el rejón de castigo, aunque arreó con genio de manso en las banderillas. Todo lo hizo el jerezano en este tercio con buen criterio, pero le faltó más reunión. A dos manos se metió por dentro muy en tablas. En disposición estuvo por encima de su mal oponente, pero mal con el rejón de muerte montando a Melero y con el descabello a pie.
Lució pies de inicio el cuarto de la casa de Fermín, que empujó con fijeza persiguiendo a Rubia. Dos rejones de desigual colocación. Se adornó con Bohemio para provocar al toro, pero clavó siempre a la grupa con los palos. A mitad de labor el toro acusó los dos rejones de castigo quedándose sin gas, hasta tal punto que se echó en los medios. La cosa se vino abajo con un toro parado -montando a Guapango- a parte de estar fallón otra vez, con el de muerte. En definitiva, puso empeño por agradar pero erró en dosificar y lo pagó caro.