Hoy se celebraba en Las Ventas el segundo festejo del Ciclo Ocho Naciones y el novillero debutante Miguel Hidalgo ha dado una meritoria vuelta al ruedo con la que ha abrochado una actuación que, en conjunto, le ha valido el reconocimiento del público madrileño. Junto a Hidalgo, sale también con crédito renovado de Madrid la vacada de Partido de Resina, que ha lidiado una novillada noble y muy manejable en conjunto y que ha propiciado más triunfo del que la terna ha sido capaz de extraer. Si bien, faltó algo de empuje y fuerza en alguno de sus ejemplares.
Poco en claro sacó esta tarde el venezolano Califa de Aragua, que no terminó de confiarse en la mayor parte de su labor al que abrió plaza. Sólo al final, en una serie al natural, el venezolano consiguió encajarse y encontrarle el punto al novillo, aunque la plaza ya se había decantado por el de Partido de Resina y no pudo levantar la faena.
El cuarto fue el mejor del encierro, noble como sus hermanos, aunque un punto por encima en cuanto a movilidad y motor. El Califa de Aragua anduvo algo más centrado que en el anterior aunque, a tenor de la nobleza y posibilidades del pablorromero, no fue suficiente, terminando por aburrir el torero de Maracay.
Marco Leal estuvo correcto con el segundo, otro ejemplar manejable pero con la raza justa. Los mejores detalles los dejó sobre la mano diestra y en un vistoso tercio de banderillas. El quinto fue el más deslucido y el de menor clase del manejable conjunto. El francés Leal planteó una faena larguísima, de mucha más cantidad que calidad y argumento.
El debutante, y a la postre triunfador del festejo, fue el granadino Miguel Hidalgo. Con el tercero estuvo asentado y templado, aguantándole con firmeza varios parones. Sacó muletazos sueltos de bello trazo, queriendo hacer todo siempre muy por abajo.
En el sexto refrendó las buenas sensaciones del tercero, e incluso las aumentó con un sobrero de Hato Blanco complicado y exigente, que le avisó en una colada brutal al comienzo pero que, a base de valor y determinación, encontró el camino para acabar imponiéndose y haciéndole pasar en una tanda de mucho mérito a derechas, conduciendo muy despacio la embestida. Tras dejar media estocada, parte del público pidió una oreja no concedida, que se tradujo en una vuelta de ley.