El festival benéfico sui-generis a beneficio del monumento a los Peralta que anunciaba en La Puebla del Río a dos de sus toreros más ilustres, cumplió con creces el objetivo de llenar la plaza funcionando incluso la reventa en tarde calurosa pese a lo avanzado del mes de octubre.
Sin embargo, el ganado se encargó de arruinar el lucimiento pese a que tanto Diego Ventura como Morante de la Puebla lograron pasajes destacados aunque aislados y pusieron todo de su parte.
No hubo faenas redondas, aunque sí detalles de interés sobre todo en el fin de fiesta donde rejoneador y diestro cambiaron los papeles frente a un manejable astado de los Hermanos Peralta. Los lances más vistosos y cadenciosos de la tarde los protagonizó Diego Ventura en ese quinto, con un manejo inusual del percal tanto en el saludo a la verónica como en el quite por chicuelinas. Morante, montando a Califa, puso dos banderillas a una mano con más voluntad que acierto aunque se creció al clavar dos cortas en el mismo morrillo.
Con la muleta, Diego Ventura realizó una faena muy notable al manejable astado de Peralta, gustándose siempre y arropado por el público. Labor plena de pellizco y sentimiento rematada de un espadazo sin puntilla. Con los otros dos, Ventura volvió a caballo. Ante el primero realizó una faena pulcra ante un animal soso y falto de transmisión montando a Nazarí, Ginés y Orobroy con el que estuvo francamente bien.
Con el tercero, de nuevo todo lo puso el rejoneador hispano-luso para conectar con el público. Arriesgó Ventura, dejándose llegar al de La Campana, que fue un marmolillo. Hubo vistosidad, rejoneao alegre y variado destacando de nuevo a lomos de Ginés.
Morante quiso toda la tarde con un lote muy deslucido en el que hubo toreo de capote exquisito y templado en el segundo, que desde que apareció por el ruedo evidenció su escasa fortaleza. Con la muleta, hubo pasajes aisaldos por ambos lados, lastrados por el toro de Cuvillo.
Con el cuarto de García Jiménez se repitió la historia, predominando las pinceladas ante un novillo que se metía por dentro y que contó con muy escaso recorrido. Perdió la oreja por el fallo a espadas.