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Un rotundo Talavante se atasca al final en Olivenza

DANIEL HERNANZ | Olivenza (Badajoz)
07/03/2010 13:14
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Un redondo y pletórico Talavante se ha pasado esta mañana por Olivenza marcando diferencias y repitiendo la historia contada mil y una vez con la espada. Se entretuvo en exceso Alejandro, después de cuajar al toro, no fue capaz de matarlo y se desesperó con el descabello, con el toro escondiendo la muerte y refugiado en tablas. Con lágrimas en los ojos recogió una atronadora ovación en el tercio. Una pena.

El reconocimiento no fue lastimero, vino a hacer justicia a la dimensión de un torero que sigue cuajándose, que sigue subiendo escalones. Lo de hoy fue una revelación de toreo largo y hondo, roto, a un toro que pareció bueno merced al torero y a su bragueta XL.

Ese quinto animal, recogido y agradable por delante, se movió sin ton ni son al principio, sin fijeza, queriendo escapar más que embestir como toda la corrida. Talavante sabía lo que quería, lo tenía claro. Pronto se echó la muleta a la izquierda y tiró del toro con extraordinario aplomo desde el principio, por abajo. El toro tenía que tragarle, no iba metido al principio y Talavante le tragó con la muleta siempre puesta tiró de la embestida y fue rompiendo hacia delante al Zalduendo, que tenía su temperamento. Muletazos de oro por ese lado, larguísimos.

Luego se fue a la derecha y la misma historia. Había que hacer al toro también por ahí. No se inmutó Alejandro, que siempre quiso hacer el toreo. Y lo hizo. También por ese lado entregando al toro, que acabó embebido en los vuelos de una muleta que lo llevó y lo mandó. Luego vino el pinchazo, después más de media tendida y después el vía crucis. En shock se quedó el torero cuando tocaron el tercer aviso, como sin creérselo. Luego se rompió por dentro. Lágrimas de torero, de orgullo herido.

El primero de su lote, con movilidad pero sin clase, apretó para dentro en los primeros tercios. Talavante midió los esfuerzos entonces y dejó al toro a su aire. Tras comprobar los desaires del toro a derechas, Talavante empezó otra vez con la izquierda. Estuvo muy bien con este toro también Alejandro, sin la rotundidad del otro pero superior técnicamente. Metió al animal en el canasto a base de temple y suavidad, sin dejarse tropezar la muleta. Los muletazos fueron cada vez más largos y el toro pasaba, también cada vez, más convencido.

Cogió la derecha el torero y el toro se vino a su aire, agitando la cabeza de un lado a otro y poniendo a Alejandro el pitón en el pecho. No se inmutó el extremeño, que se salió con la suya e hizo tragar al manso. Tragó también en éste el torero, que corrió la mano con natural precisión. Cicatero el palco, le negó la oreja después de un espadazo caído.

El que abrió la Puerta Grande fue Ponce merced a un noble y buen toro de Fernando Domecq y a una faena prototípica en el valenciano. La comparación con lo de Talavante hoy sería oidiosa. Ponce vio al toro desde que apareció por chiqueros y aplicó economía en una lidia inmaculada. El comienzo tuvo mucho sabor, fue muy torero también. Genuflexo el de Chiva pasó al toro con gran prestancia. Acompañó con elegancia la embestida Ponce en el toreo en redondo sobre la mano derecha, sin obligar al toro, sin ceñirse tampoco y aliviándole al final de cada muletazo con innegable clase, eso sí.

Y a partir de ahí lo demás, haciendo las delicias de la gente, con poncina incluída en el epílogo. Hubo pausas, escenografía y comunicación con el público. Faena larga y bellos remates al final. Dos orejas. Ovación grande para el toro, que puso también de su parte.

Con el primero, un toro díscolo y muy informal, Ponce no estuvo a gusto. Trató de meterlo en la muleta sin conseguirlo. Sonaron dos avisos, tapándose el animal a la hora de descabellar.

Cayetano no encandiló con el mejor lote. El primero fue un sobrero de la vacada titular, que reemplazó a un toro que no veía. Un tragó pasó Cayetano recibiendo a este, que se le vino al pecho y con el que a poco pierde los papeles. El repuesto fue noble. También manso y con tendencia a rajarse, pero muy toreable. El pequeño de los Rivera anduvo fácil con él, demasiado. Acompañó la embestida con gusto y clase, pero no acabó de pisar el acelerador.

El sexto, el más aparatoso del agradable encierro, tuvo también bondad y, junto al cuarto, fue de lo mejor de la corrida para el torero. Después de la demostración de Talavante, salió arreado Cayetano y lució con la capa, confiándose desde el incio. Con la muleta, sin embargo, se fue desinflando. Hubo cosas buenas, sobre todo con la izquierda, pero el conjunto fue irregular y no mantuvo la intensidad.

Olivenza, Matinal 7 de Marzo

3ª de Feria, Lleno de No hay Billetes.

Toros de Zalduendo (3º como sobrero), correctos de presentación y de buenas hechuras la mayoría. Mansos aunque nobles casi todos en el último tercio. Destacaron 3º, 4º y 6º.

Enrique Ponce, silencio tras dos avisos y dos orejas tras aviso.
Alejandro Talavante, saludos tras petición y saludos tras  tres avisos.
Cayetano
, oreja y palmas tras aviso.
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