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La corrida del Puerto se queda a medio camino en Santander

Tres toros de nota y sólo dos orejas en el casillero de Pinar
DANIEL HERNANZ | Santander
24/07/2010 19:02
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Fueron tres y tres de Puerto de San Lorenzo, por fuera y por dentro. Brava y mansa, enclasada y desabrida. Lo que iba para otra gran corrida de Lorenzo Fraile en Santander se quedó a mitad de camino. Con ella, sólo salió en hombros el manchego Rubén Pinar, que no cesa. Triunfo trabajado y perseguido por el de Tobarra pero insuficiente a tenor de una primera parte de la corrida salmantina para enmarcar. Ni Ponce ni Manolo Sánchez lo vieron claro.

La corrida empezó con un toro de hechuras extaordinarias, bajo, proporcionado, pero con sus pitones y sus puntas. Todo lo que hizo en los primeros tercios fue bueno. Lo midieron en el caballo y lo lidiaron con tino. Ponce, que brindó a Santander y comenzó insuperable por bajo, no reventó con el toro ni pareció a gusto con el excesivo celo del astado, que flojeó por acusar su entrega. Compuso periférico en las primeras series el valenciano, luego quiso entonarse sin encontrar las distancias y la armonía de otras veces y la faena nunca explotó. Toro bueno del Puerto. Mató de media efectiva.

El segundo peleó en el caballo y se deslizó también en los capotes. Manolo Sánchez no quiso dejarlo pasar y enseñó su clase y la del toro en un breve apunte con la capa. Sánchez quiso plantear el toreo en un palmo de terreno y el toro, pese a ello, embistió por abajo y bien. Otro toro. La faena fue deslabazada y ganaron los desacoples a los muletazos buenos. Entonces, el gran toro, se lastimó una mano pero siguió embistiendo a la provocación. Cosas del tuétano de la bravura. Manolo Sánchez ajeno a la lesión, siguió. Excesivo y sordo al sensible público. Igual que con la espada y el descabello. Para olvidar.

El tercero, más terciadito, se templó tras pasar por el caballo, donde empujó con buen estilo y casi descabalga al picador. La cuadra francesa Bonijol, que debuta en Santander, comenzó a sentirse desde ayer en la novillada. Grande fue una chicuelina de mano baja de Pinar. Este tercer toro fue otro de cante grande. Bravo. Y Pinar anda sobrado de capacidad y técnica. Por el derecho, lo ligó con suficiencia, comunicando con el tendido, que se rompió con el manchego pronto. Por el izquierdo, le corrigió pronto el "exceso" de codicia. Sin despeinarse. Luego se explayó. Faena de torero cuajado. Más capaz que artista. Con la espada fue un cañón pero el toro, de bravo, se tragó la muerte.

El cuajado cuarto se partió la extremidad en los primeros compases. Prometía a bueno también. El sobrero, cinqueño, salió sueltecito. Seiscientos kilos de toro. Grande. Ponce lo dejó corretear y le zurró lo justo y necesario en el caballo. Empujó el toro pero siguió suelto en banderillas. Sin rumbo.

Se lo llevó Ponce a los medios, adiós querencias. Allí, el toro repitió sin mucho ritmo pero con ganas. Ponce tampoco le bajó la mano y no se vio al toro romper ni cantar. En la media altura, navegaba desentendido el animal, pero iba. Faena currada, de más trabajo que excelencia. Al final se rajó definitivamente el de Fraile, después de muchos muletazos en los lomos y Ponce perdió una oreja con la espada.

El quinto, que se volvió sobre las manos, abortó el saludo del vallisoletano. Hizo sonar el estribo y buscó tablas tras el encuentro con el caballo. No quiso embestir el toro, sin clase, en la muleta de un Manolo Sánchez tesonero que robó algún natural con sello antes de pasarse de faena otra vez. El bajonazo medroso se antojó innecesario.

El sexto se defendió desde que Pinar quiso pararlo de capote. Manseó en los primeros tercios, se puso gazapón y molesto. Se quiso quitar de encima la muleta y al torero en unas primeras bazas emocionantes. Faena sobre las piernas del manchego, de andar vivo con el toro y vender la mercancía.

SANTANDER, 24 DE JULIO

2ª Feria de Santiago. Lleno.

Toros de Puerto San Lorenzo, (4º bis), de irreprochable presencia aunque desiguales de hechuras, más pesados y cuajados los tres últimos. Primera parte brava y buena. Segunda mansa y sin clase.

Enrique Ponce, silencio y saludos tras aviso.
Manolo Sánchez
, silencio en ambos.
Rubén Pinar, oreja tras aviso en los dos.
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