El lote de la corrida de El Pilar fue para el reaparecido Leandro, con la cima del bravo sexto. Toro importante, de los que pesan. No fue lote sin embargo para una reaparición cogida con alfileres, sino para torero en plenitud. El vallisoletano, que aguantó con la herida abierta, bastante tuvo con no volver la cara.
De primeras, Leandro se encontró un tercero exigente. Toro encastado, pegajoso, algo bruto, incansable. Demasiada prueba para lo tierno de la herida, que se abrió y manchó la taleguilla a medio combate. Se calentó el de Valladolid tras pasarle el vendaval por encima en las primeras series, aguantó quieto, tocó fuerte y pasó el toro. Dos series bastaron para arrancar la música. Y ahí quedó todo. La muerte del toro, fue brava. Guerrera. Y la oreja, de esas se sensibilidad.
El sexto fue el toro de la corrida y de muchas corridas. Escaldado Leandro del otro, a este lo breó en el caballo. Había que pegarle, porque podía el toro y además pareció guardarse las fuerzas de salida. No se rebotó el animal del peto, allí se quedó con la cara encajada en los sótanos de la montura hasta que lo quisieron sacar.
Medio ahormado, prontó cantó la bravura que envolvía. Leandro, ligerito a veces, más ceñido y encajado otras, no le quitó la cara. Esfuerzo renqueante y otra vez en tela de juicio estas reapariciones necesitadas. Más con ganaderías encastadas y bravas. Con todo, no le salió mal y, pese a los sanguinolientos lamparones en la taleguilla, se quedó a medio metro de que le abrieran la puerta grande.
La temperamental corrida salmantina la inauguró un cinqueño de apariencia equina, que salió muy abanto. Enseñorado el toro, altivo. El puyazo en la paletilla hizo daño a la vista, pero el toro descolgó dos cuartas en el capote de El Juli y se abrió en los lances zurdos. Julián se metió con el animal de principio y quiso irlo enjaretando. Embestía el de El Pilar pero sin rebosar el vaso. Cortito y reponiendo, cada vez más. No anduvo fresco el torero, sin la facilidad habitual ni la clarividencia a la hora de despejar la ecuación, compleja pero resoluble cualquier otra día.
El cuarto fue un toro con geniecito que metió para dentro a Niño de Belén, que asustó y apretó hasta que Juli tomó el mando. Los problemas, entonces, parecieron pequeños. Lo amansó el torero y aflojó el nudo en la garganta de la plaza sin tardar demasiado. Aliviados todos, Juli fue armando la faena con el toro cada vez más rilado. Apabullando el torero. Cortó una oreja tras cobrar un espadazo formidable.
El segundo se acalambró al salir, tampoco se dejó de capote y manseó en los inicios, desparramando la vista. Repuso en el quite por chicuelinas de Castella y hubo que llegarle hasta el hocico en banderillas, pero no tuvo mala idea.
En la muleta, se destapó el colorado toro y embistió por abajo, con su celo. Al toque. No fue el toro soñado, pero sí muy toreable pese a que le descompuso la flojedad por momentos. Castella tampoco lo toreó a favor. No salió fino ni fluyó el toreo. Las series, por uno y otro pitón, se fueron apilando hasta encontrar eco la faena en el "cara a cara" final. Con la espada no acertó a cortar la oreja.
El quinto fue prontísimo. De esos toros de público. Se venía a todo, sin llamarlo, pero le costaba pasar y salía por encima del palillo. Castella empezó fortísimo, con los péndulos en los medios. Explotó la plaza, poniendo el toro la mitad, y aguantó el francés, que luego quiso lucirlo y pagó los platos rotos. "Se te va sin torear", soltó algún enterado cuando montó la espada. Bien matado, por cierto.
Parte médico de 'Niño de Belén': Herida por asta de toro en la cara interna del muslo derecho. Contusiones y erosiones múltiples. Trasladado al hospital para diagnóstico radiológico. Pronóstico reservado.