Julián López 'El Juli' se ha resarcido de la tarde de ayer en Almería, donde la espada le jugó una mala pasada y le privó abrir la Puerta Grande tras una gran faena. Esta tarde ha habido otra actuación de toreo grande que, esta vez sí, ha sabido rubricar con la espada para cortar tres orejas de ley que debieron ser cuatro. Por su parte, Ruiz Manuel paseó un apéndice.
El Juli le fue ganando terreno al castaño claro que salió en tercer lugar, para lograr unas verónicas muy bien hilvanadas y ejecutadas, lo mismo que un quite por chicuelinas, muy ceñidas y auténticas. Labor importante la que hizo el diestro madrileño con la muleta, con un gran inicio con pases por alto de excelente trazo y factura.
Toreó con una arquitectura medida y precisa en la que los muletazos surgieron limpios y con una ejecución llena de temple, dominio y de mando, aprovechando la noble embestida de un astado que tuvo mejor condición que los dos anteriores. Mató de una soberbia estocada y rubricó una excelente actuación llena de técnica.
El sexto fue un toro complicado, que sembró el desconcierto en el tercio de banderillas al adueñarse del ruedo. El Juli se fajó con él hasta dominar su incómoda embestida y le extrajo series de mucho mérito por las condiciones en que tenía el astado. Faena importante para el aficionado y el público, que supieron ver y apreciar la forma en la que el torero madrileño impuso su ley. Con la estocada, un cañón, y debió cortar las dos orejas por la seguridad y la firmeza que estuvo ante la cara de un Joselito muy difícil.
Los lances a la verónica de Ruiz Manuel al primero de la tarde, un toro jabonero, tuvieron verdad y elegancia. El almeriense se dobló con el toro en el tercio y a continuación lo toreó con la derecha en los medios. Hubo temple en los muletazos, de manera que condujo la embestida con suavidad y mimo para terminar las series con pases de pecho, que tuvieron profundidad y buena ejecución. Con la zurda, consiguió algunos naturales de buen trazo, a pesar de que el astado se fue apagando. Concluyó por manoletinas, muy aplaudidas, pero su fallo con los aceros hizo que perdiera un posible trofeo.
La labor con la muleta al cuarto fue creciendo en la medida en la que se impuso a la embestida de su adversario, un toro negro listón que seguía los engaños sin mucha convicción y que fue a menos por su falta de casta. En el tramo final del trasteo, el almeriense dibujó algunos naturales que tuvieron calidad, pero que no alcanzaron mucha respuesta en el tendido por la manifiesta falta de fuerzas del toro de El Tajo. Cortó una merecida oreja al matar de pinchazo hondo.
Morante de la Puebla veroniqueó al segundo en lances que tuvieron, lo mismo que el quite que hice a continuación, el sabor a un toreo antiguo y distinto, por la excelencia de su rúbrica. Con la muleta, el diestro sevillano dibujó dos tandas de derechazos en las que la reunión entre toro y torero tuvo verdad y pureza. Un inoportuno desarme hizo que disminuyera la intensidad de la faena. A partir de este momento, todo fue a menos. En ello tuvo mucho que ver la falta de fuerza de su oponente con una embestida ya sosa y sin transmisión alguna. Dejó un pinchazo hondo, una estocada perpendicular y un descabello, saludando una ovación.
Con el castaño que salió en quinto lugar, poco pudo hacer el sevillano. El toro llegó a la muleta parado y sin posibilidades para que pudiera lucir el toreo de Morante. A la hora de matar estuvo muy desacertado, por lo que el público deseoso de ver faena, lo pitó.