El matador de toros Rivera Ordóñez 'Paquirri' se ha reencontrado con su plaza de toros, Ronda, y ha sumado un nuevo triunfo en su Corrida Goyesca, en la que ha salido en hombros después de cortar tres orejas. Todo ello, a pesar de un nuevo naufragio de Zalduendo.
La primera oreja la cortó Paquirri en su primero, un toro desrazado e insulso en su embestida. Con el público muy a su favor en todo momento, Francisco lo intentó ante un Zalduendo sin recorrido. Tiró de tesón el torero para justificarse ante los tendidos de sol, en una faena que no pudo coger vuelo, solamente decoro. Una estocada efectiva y baja le valió el apéndice.
El quinto fue un toro con tralla en los inicios y rebrincado en varas, al que Paquirri dejó una faena más ajustada. En banderillas el torero estuvo variado y acertado, dejando tres pares en buen lugar. El animal trasmitió en el inicio de la faena de muleta aunque después se vino algo a menos y que nunca dejó de moverse. Rivera estuvo templado, se le vio mandón y además de variado. Entendió al toro en series justas y medidas con una muleta técnica y refrendó su labor con un espadazo de rápido efecto arriba, lo suficiente para que la afición le premiara con las dos orejas.
Enrique Ponce, que hoy cumple 2.000 paseíllos, recibió al romperse el paseíllo una placa conmemorativa de esta efeméride. El valenciano poco pudo hacer con el que abrió plaza, con nulo recorrido y con el que nunca estuvo a gusto. Ponce lo intentó por ambos pitones de un Zalduendo de embestida irregular. A todo ello se le unió el molesto viento. No hubo apreturas pero tampoco las buscó el torero.
Al cuarto le cortó una oreja en una faena que fue en línea ascendente. En suerte le tocó un animal que se dejó sin maldad pero muy bajo de raza, queriéndose rajar en las postrimerías de faena. Ponce estuvo técnico en una faena que tuvo dos partes; la primera sin encontrarse a gusto delante de la cara del toro y no así en la segunda mitad, en la que apretó y logró algún muletazo de bella factura.
Surgieron varias series de derechazos ligadas, que conectó con el público, y una tanda al natural citando con el cartucho de pescado. Ahí sí hubo profundidad y templanza, aprovechando las querencias del toro. No faltaron los pases con las piernas genuflexas, que provocaron el delirio entre el público. De haber estado mejor con los aceros, le hubieran pedido las dos orejas.
El tercero fue un toro malo sin paliativos. Castella lo recibió de manera aceptable tanto a la verónica como por chicuelinas antes de realizar una faena que apuntó buenas maneras en su inicio. Se fue a los medios para comenzar con un pase cambiado por la espalda y ahí acabó todo. Pese a que buscó las vueltas a un animal descastado, tuvo que ir a por la espada.
Castella estuvo variado con la capa ante el sexto, un animal que mostró pronto su condición de reservón y llegó al último tercio muy violento, embistiendo con toro. El francés se mostró firme y decidido pero algo distraído en el cite. No obstante, se la jugó en varias ocasiones, muy metido entre los pitones con un animal para apostar, algo que hizo el francés. Emborronó su labor con los aceros.