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Salvador Barberán no se entiende con el mejor lote en Sevilla

EMILIO TRIGO | Sevilla
05/09/2010 20:34
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La novillada que se ha celebrado en la Real Maestranza de Sevilla, con un encierro bien presentado de Conde de la Maza con animales interesantes, no sirvió para que los novilleros tocaran pelo.

El novillo que abrió plaza manseó y estuvo a la defensiva en cada instante de la lidia. Se hizo muy largo el tercio de varas ante la inoperancia de cambiar los caballos de terrenos. Después, en la faena de muleta, Andrés González estuvo sin confianza y se justificó en la periferia del novillo, que embestía con violencia.

El cuarto embestía suave y justo de fuerza en los primeros compases y durante el tercio de banderillas, al rematar en un burladero, se partió el pitón. Con el animal mermado, González estuvo más decidido que con su anterior, pero la labor careció de interés.

Salvador Barberán se las vio con un novillo que salió suelto inicio y sin fijeza, y que durante la lidia nunca humilló. El novillero brindó al público la faena ante un novillo que se desplazaba por el izquierdo. Utrero con un alto grado de toreabilidad al que el gaditano no llegó a entender. Pedía muleta en la cara y novillero enfadado, y no una faena de pases de uno en uno. Sin terminar de romper del todo, el novillo siempre obedeció al toque y se dejó.

Con el quinto, Barberán sí apuntó con el capote en el recibo y reafirmó en el quite con un sabor muy personal. Su oponente embestía dulce pero encastado, metiendo claramente la cara. El algecireño inició componiendo la figura con cierta vistosidad, pero se equivocó de terrenos y le abrió la puerta a chiqueros. Después corrigió la ubicación, lo que hizo que el trasteo se diluyera. Dejó algún muletazo con sabor y personalidad, pero fue una buena oportunidad para desorejarlo.

Alejandro Enríquez dejó algún detalle con el capote con un novillo que tampoco humilló. Demostró cierta nobleza, aunque un punto bajo de raza. Con esto, Enríquez dejó entrever actitud y buen fondo, demostrando su oficio. No pudo construir una faena artística.

Con el sexto, un utrero manso pero que acometía humillando, Enríquez buscó los terrenos de la Puerta del Príncipe para quitar la querencia rajada del animal, pero el novillo sacó a relucir su falta de raza y clase. El espada estuvo decoroso.

Sevilla, domingo 5 de septiembre

Un cuarto de entrada.

Novillos de Conde de la Maza, bien presentados. 1º manso y violento. 2º manejable. 3º noblón aunque bajo de raza. 4º suave y justo de fuerzas, se partió el pitón izquierdo en banderillas. 5º encastado. 6º descastado y sin clase.

Andrés González, silencio y silencio.
Salvador Barberán, silencio y saludos tras aviso.
Alejandro Enríquez, silencio y saludos.
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