Los novillos de Los Chospes ha deslucido el primer festejo de la feria de la Virgen de los Llanos de Albacete, con un encierro manso y descastado en líneas generales con los que los tres novilleros apenas han tenido opción y donde lo mejor ha sido la seriedad y la firmeza del salmantino Juan del Álamo.
Del Álamo estuvo centrado y dispuesto con el primero, aunque se estrelló con un novillo manso y que se rajó a las primeras de cambio. Le apretó al final ya en tablas, con la muleta muy puesta en la cara, con toques fuertes y logró tandas de buen nivel al natural. Fue lo único que pudo hacer, recibiendo una ovación por el esfuerzo realizado.
Con el cuarto no pudo hacer absolutamente nada, con un novillo manso y que nunca humilló, mirando en más de una ocasión con guasa al novillero salmantino. Lo intentó sin recompensa, llegando desconfiando a la hora de matar y recibiendo silencio.
José Miguel Valiente no se encontró a gusto con el segundo, también de poco juego, sin plantear soluciones al comportamiento del novillo, que fue manso, descastado y de vulgar embestida. La faena no tuvo nada destacable y con la espada tampoco acertó.
El quinto fue el animal más potable de Los Chospes -manejable pero soso y sin demasiada clase- con el que el albaceteño tampoco lo vio claro, en un trasteo largo basado sobre la mano izquierda, que nunca caló en el tendido. Sólo pudo sacar algún natural estimable.
Alberto Pozo, que debutaba con picadores, puso ganas y voluntad aunque sin encontrarle las teclas al novillo, con un toreo demasiado populista a un novillo que era un calco de los dos primeros.
En el sexto dio una vuelta al ruedo, merced a una faena en la que destacaron las ganas, queriendo siempre gustar por ambos pitones. No faltaron rodillazos y varias tandas que no llegaron a cuajar. Todo esto ante un ejemplar parado, que embestía a cabezazos y que le hizo verdaderas radiografías al debutante. Tras una efectiva estocada, le pidieron una oreja que la presidencia desestimó.