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Morante esculpe y Manzanares lo firma en El Puerto

EMILIO TRIGO | El Puerto de Santa María (Cádiz)
07/08/2009 20:28
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Romanticismo, creatividad, naturalidad y arte, mucho arte, en el cartel de hoy en el Puerto. La terna condensó a tres diestros que recordaban años pasados como los Romero, Paula y Manzanares de otras épocas.

Tanto es así, que todos vistieron de azabache, como si se tratase de un homenaje a los tres monstruos citados, por cierto Curro estaba en una barrera. Otra cosa fue el resultado del cuadro del arte porque Aparicio no creó, Morante esculpió y Manzanares lo firmó. Lo peor la cornada a Morante, un accidente cuando mejor estaba esculpiendo una inmensa obra artística sin reconocimiento en el palco.

La señora Alonso demostró no ser aficionada, no tener sensibilidad. Fue la única que no estuvo a la altura al negar la dos orejas, que no es lo de más aunque sí lo es faltar el respeto a un torero herido que acababa de jugarse la vida y volver a expresar que no merece presidir nunca más.

Gente así, no cabe en nuestra Fiesta, donde todo es verdad, incluso la muerte. ¿Pero quién es usted para ser eso? La inepta del palco con su actitud, dejó claro que le importa un pimiento los sentimientos de todos. Ella si que dio una corná despectiva a un torero en el hule. ¡Imperdonable por injusto e insensible!

Inició el festejo Julio Aparicio con verónicas descafeinadas, paso a atrás y posterior leña en el caballo con dos puyazos. El madrileño anduvo por la periferia del astado con precauciones. En su defensa diremos que el primer toro no humilló nunca. Julio lo intentó pero sin demasiado ahínco, matando de forma habilidosa. Fue el primer fiasco de la tarde. Prácticamente lo mismo en el cuarto, casi igual, pero esta vez dubitativo y desbordado. ¡El arte no tiene mitades, todo o nada!.

Morante con el jabonero que hizo segundo, pegó un par de pinceladas con el capote que cambiaron el ánimo de la plaza. Aunque lo mejor fue una media que abrochó el saludo, de esas de manos bajas, compás y gracia natural que absorbe los sentidos. Tras la vara, por cierto muy mal picado, que hizo sangrar en demasía al burel, nueva exquisitez capotera del sevillano, con una verónica y media de cante jondo. Comenzó José Antonio con ayudados por alto de un sabor distinto llenos de armonía y naturalidad espontánea.

Continuó con un par de tandas con la diestra de gran estética, corriendo la mano y acompasando la cintura. Pero lo que se prometía una gran faena, quedó sólo en eso, dejándonos a todos con la miel en los labios. El toro se puso muy molesto con un calamocheo malaje, además de pensárselo en alguna ocasión antes de acometer. Lástima porque vimos a un Morante tranquilo y relajado, pero sin ese toro que presagió en su principio.

El quinto fue un sobrero de Camacho, engatillado, bien conformado, con nobleza, suavidad pero sin el empuje y poder deseable. El de la Puebla firmó una obra maestra. Toro noble que humilló y al que José Antonio hipnotizó en una muleta prodigiosa. Hubo verdad, temple, cintura rota y naturalidad espontánea de un artista diferente. Cuajó series con la diestra, largas, profundas, de mucha exigencia para delirio de la afición. Cuando mejor estaba en un tras pies, resbaló a merced del toro siendo cogido. ¡Una verdadera pena!

Manzanares recibió al cinqueño -el de más peso de la corrida- con empaque, jugando los brazos con suavidad, dando los vuelos del capote como si fuera el balancín de una amapola mecida por el viento. La misma garbosidad para llevarlo al caballo, con una gentileza muy torera. José Mari realizó una faena de imaginero con la muleta a modo de gubia, con la que talló una obra esbelta, estética, de las que llegan a toda clase de públicos, sobre todo en la primera mitad de trasteo.

El cambio de manos, ligando con el pecho, inolvidable al sacarlo para afuera. Pero luego el viento, sumado al aprendizaje del cinqueño, bajó la nota de la profunda actuación del alicantino. El toro empezó a quedarse con menos recorrido, aunque Manzanares prorrogó de la misma forma. Espadazo y dos orejas en faena de más a menos, sin embargo.

El sexto fue de esos orientados pero encontró a un Manzanares muy capaz y poderoso. Le plantó cara, sacó el valor que lleva dentro y se la jugó de verdad. Se hizo presente la emoción, la conjunción en su muleta y la expresividad del alicantino. Otro espadazo y oreja a ley. Además José Mari tuvo la hombría de salir andando camino de la enfermería, dejando atrás la Puerta Grande, lo que fue toda una lección de compañerismo y torería.

FICHA DE LA SEXTA DE ABONO DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA

El Puerto de Santa María (Cádiz). Viernes 7 de julio. 6ª de Abono. Más de tres cuartos de plaza.

Cinco toros de Núñez del Cuvillo, y uno (5º bis) de Mari Carmen Camacho, muy desiguales de presentación y también de juego. Destacó el 3º, encastado y con clase y el noble pero sin gas 5º bis. El 6º, orientado.

Julio Aparicio, pitos y bronca.
Morante de la Puebla, ovación con saludos tras aviso y oreja con fuerte petición de la segunda y dos vueltas al ruedo de la cuadrilla.
José María Manzanares, dos orejas y oreja.

Antonio Jiménez ‘Lili' y Francisco Javier Araujo saludaron en el 2º. Juan José Trujillo destacó en la lidia del tercero y Curro Javier se desmonteró en el mismo toro. Juan José Trujillo saludó en sexto.
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