El francés Sebastián Castella ha cuajado una gran faena a su primer toro de Teófilo Gómez en la Plaza México, enloqueciendo al público americano que acompañó con intensos olés practicamente todo el trasteo del torero de Beziers. Con las dos orejas y a buen seguro el rabo en la mano, Castella pinchó hasta en dos ocasiones y se esfumó un triunfo sonado en una gélida tarde donde salió a hombros Rafael Ortega.
Lo realmente importante, sin embargo, lo hizo Castella antes de coger la espada. El toro de Teófilo Gómez, que comenzó la faena agarrado al piso y renuente a repetir sus embestidas, rompió a bueno gracias al temple y el tino manejando la muleta del francés que cuajó al animal.
Un grito de reprobación que salió del tendido al poco de comenzar la faena, calentó al francés y fue entonces cuando definitivamente explotó el trasteo. De mitad para delante, enloqueció definitivamente el tendido Castella, toreando en un palmo de terreno y muy despacio. Después, y tras el fallo de Castella con el acero, el toro fue premiado con arrastre lento protestado por parte del público.
Con el quinto, muy protestado por su presentación de salida, no tuvo opción de repetir Castella el nivel de la faena anterior y antes de que el público se impacientara anunció el de Beziers que regalaba el sobrero. Pero tampoco pudo Castella agarrar el triunfo con el toro extra de San Marcos, donde de nuevo falló con la espada siendo obligado a salir al tercio.
Bien había empezado la corrida, con las dos orejas del mexicano Rafael Ortega al primer toro. El torero tlaxcalteca se valió de un buen ejemplar de Teófilo Gómez, noble y con calidad aunque con la fuerza y la raza justas, al que entendió Ortega y mimó manejando con suavidad y precisión las telas.
Saludó al animal Rafael con suavidad y buen aire para después protagonizar un buen tercio de banderillas. Ya con la muleta, Ortega aprovechó la buena condición del toro para cuajar buenas tandas sobre todo por el lado derecho.
Manejó los tiempos Ortega y administró al animal en una faena a más que terminó arriba. Salió prendido, sin consecuencias, al entrar a matar incrementando la pasión del tendido antes de que el juez de plaza le concediera las dos orejas, algo excesivas y protestadas por un sector de la plaza. Con el cuarto puso ganas e insistió Ortega, pese a la manifiesta flojedad del de Teófilo Gómez.
Su compatriota Fermín Spínola no logró levantar el vuelo de una faena intermitente al tercero de la tarde, un animal noble también aunque lastrado por la falta de fuerza. El sexto, que apuntó buena condición de inició, termimó claudicando de nuevo por falta de fuerza y la faena de Spínola tampoco cobró realce.
Foto portada: EMILIO MÉNDEZ (Suertematador.com)