Después de varios intentos de festejos fracasados por la lluvia, este sí que se celebró y con una temperatura más típica del verano. Una novillada del hierro de Guardiola, que fue remendada con dos astados del Conde de la Maza, primero y quinto.
Agustín de Espartinas recibió al que abrió plaza a portagayola, con un par de largas cambiadas, de hinojos vibrantes y buen manejo del percal a la verónica, que fueron muy aplaudidas. En el último tercio el novillo del Conde, se defendió mucho tirando siempre la cara arriba y con medio viaje en la muleta del sevillano. Un novillo áspero que nunca terminó de romper y que no dejó estar a gusto al joven novillero, estuvo correcto sin más.
Lo más destacado de la tarde hasta ese momento fue el recibo de Agustín al cuarto en chiqueros y otra vez a portagayola. Desde allí hasta los medios, fue instrumentando lances con cadencia y sabor muy jaleados. En la faena de muleta Agustín caldeó aún más lo anterior y cuajó una buena faena en su despedida de novillero en la Real Marestranza.
Se acopló en las distancias, en los tiempos entre series, y sobre todo, toreó con mucho gusto y temple. Por ambos pitones se sintió, pero sobre todo destacó al natural con profundidad y mando. Estocada y oreja a una labor llena de torería con un buen Guardiola.
Fernando del Toro se enfrentó a un novillo de bella estampa pero que jamás colaboró con su matador, porque el de Guardiola no humilló, desarrolló sentido por el pitón derecho y tuvo media arrancá por el izquierdo. Del Toro aguantó un par de coladas con mucha guasa demostrando valor y ganas, pero no pudo pasar de voluntarioso, aunque desacertado con los aceros.
Con el quinto del Conde, que fue brindado al respetable, nuevamente Del Toro estuvo con ganas de agradar. Un novillo con peligro sordo que en cada embestida sabía lo que dejaba atrás y lo media en cada encuentro. Fernando hizo un esfuerzo con tan complicada papeleta, que solventó con oficio de forma airosa.
El castellonense Abel Valls también se fue de hinojos a chiqueros para recoger al tercero de la tarde. Un novillo que durante toda la lidia flojeó como para ser devuelto al corral, pero nadie de los presentes manifestó su malestar después de tantas caídas del utrero... en fin, demasiada benevolencia.
Con la muleta no se le pudo enjuiciar, ante un verdadero marmolillo, tanto es así, que no tuvo fuerzas ni para levantar del suelo al novillero después de una clara voltereta. Gracias a Dios, lo que pudo ser un percance muy grave por el lugar por donde fue prendido, terminó en un susto.
Con el que cerró plaza mostró buenas formas hasta que el novillo empezó a orientarse con el joven chaval. Valls muy tesonero y porfión por sacar agua de un pozo seco, se llevó una tremenda voltereta que lo dejó conmocionado. En su haber hay que agradecer su actitud novilleril con varios porrazos al atropellar la razón, pero estuvo muy por encima de las cualidades de su pésimo enemigo.